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merced.jpgPara los que se queden en Santiago, para los que vengan a la capital este fin de semana largo o para los que tienen ganas de hacer algo entretenido alguno de los otros fines de semana de agosto, existe un panorama que para mí resulta imperdible: aprovechar las visitas guiadas que todos los sábado a las 12 del día están realizando en el Museo La Merced. Hace algún tiempo escribí aquí sobre este mágico lugar y lo bien desarrolladas que están dichas visitas. Después, esa experiencia dio pie a una nota que escribí en febrero para una revista sobre mi ciudad…

“Además de los objetos que dan cuenta de la llegada de la orden de los mercedarios a América, ese lugar tiene una de las colecciones de arte pascuense más ricas que existe en Chile – dijo el profesor Enrique Solanich en una de sus clases – queda cerca de su casa señorita Baytelman, debería visitarlo”, acotó. Pero en esa época, 1999, el Museo La Merced se encontraba cerrado por restauración de sus dependencias.

De cualquier modo le hice caso y fui varias veces hasta la esquina de las calles Mac Iver y Merced. A través de los barrotes veía parte del jardín; un espacio digno de cuento renacentista. Tras los muros imaginaba las valiosas piezas arrumbadas. Esculturas sacras de piedra volcánica y maderas nativas casi extintas llenándose de polvo.

- ¿Dónde? – pregunté.
- En la Cafetería del Museo La Merced – dijo mi amiga Cristina al otro lado del teléfono.

Entonces supe que éste había reabierto sus puertas a fines de 2003 y que estaba invitada allí a tomar un café el sábado siguiente a las 11 de la mañana.

Tras la conversación de rigor en una de las mesitas dispuestas junto al maravilloso jardín, entramos al museo. Me llevé una grata sorpresa. La restauración fue hecha con pulcritud y cuidado en los requerimientos técnicos y funcionales, la circulación de los visitantes y la conservación del material exhibido, así como la continuidad estética en que son presentados los objetos, lo que permite apreciar de buena manera cada pieza, cada obra.

El recorrido se divide en siete espacios. En el primero se encuentra una pequeña parte de la famosa colección Rapa Nui de la que tanto había oído hablar. Las demás habitaciones permiten un recorrido por la historia de la orden religiosa, desde su formación -pasando por el encuentro de los dos mundos- hasta las manifestaciones del catolicismo en América, la mayoría producto del mestizaje artístico que surgió de la unión de ambas culturas.

Además de lo llamativas y bellas que resultan algunas piezas, cada sala posee un trabajo de que rescata la estructura original del recinto, reconstruido luego el terremoto de 1730, a la vez que juega con elementos de arquitectura y diseño modernos; para cada una de ellas también se dispuso iluminación especial y música acorde con la muestra exhibida.

Llevé a Cristina a la Basílica de La Merced, colindante al museo, para mostrarle el púlpito, ya que se trata de una de las piezas coloniales más importantes de Chile. Tallado con figuras alegóricas de los evangelistas (el águila, el toro, el ángel y el león) la obra del Siglo XVIII se atribuye al artista Jorge Lanz. Otra joya más del valioso tesoro mercedario.

www.museolamerced.cl
Visitas guiadas a cargo de licenciados en Historia del Arte.
Valores: $1000 adultos, $500 pesos estudiantes y adulto mayor, niños gratis.

Add comment August 8, 2005

Un año interconectada

Gracias a la sugerencia del Tuco y la paciencia de Felipe, a mediados de 2004 nació este espacio donde, en forma semanal, me propuse plasmar ideas mezcladas con algunas cosas que pasan frente a mis ojos. Desde entonces, con más frecuencia de la habitual, mi vida comenzó a tejerse de coincidencias y cruces hermosos y raros.

sopa.jpg

Conocí a Roberto Arancibia, quien para mí y muchos otros es el padre de los bloggeros chilenos, y además resultó ser amigo de infancia de mi padre y mis tías. Un comunicador hiperactivo que nos reúne y nos incentiva “sin querer queriendo” a crear a partir de nuestras experiencias. Desde entonces han pasado muchas cosas y me he reencontrado y conocido real y virtualmente a muchas personas.

La retroalimentación que he recibo es un tema aparte. Uno de los hechos que más me conmovió fueron los mensajes de Armando, quien vive en Estados Unidos y, durante sus años en Chile conoció a Bernardo Baytelman, el Beco, mi abuelo paterno. El Beco era un ser mágico y luminoso, que marcó la vida de mucha gente. Murió muy joven, a los cincuenta y tantos en el exilio, en México. Mis recuerdos se confunden en la memoria de los otros, como la de Armando, a quien mi abuelo ayudó durante un incidente antisemita que ocurrió en Santiago hace más 40 años.

También son muchos los que han llegado al blog porque estudiaron en el Latinoamericano de Integración, o tienen alguna afinidad con este colegio que marcó una parte importante de lo que soy y que ha inspirado varios de los escritos que habitan este lugar.

El mundo del blog me llevó a conocer personalmente y tras una cuota preocupante de casualidades a Agnes, quien tiene un parecido onírico con mi madre, lo que supongo se relaciona con sus genes rusos. En lo virtual no puedo dejar de mencionar a Ceci, mi amiga y colega que está en Vancouver, con quien compartimos una forma muy parecida de mirar y contar las cosas, aunque sé que en la vida real ella es mucho más tímida que yo, y en lo profesional, más matea.

Como algo curioso, puedo citar que hace poco me escribió Nibaldo, creador de zurdos.cl, pidiéndome que le explicara cómo les enseñé a mis hermanos a tejer. Asimismo, recibí un comentario de agradecimiento de Rolando Báez, curador del Museo La Merced, con quien nos juntamos a tomar un café y también estamos tejiendo una amistad con lana colorinche de gustos e intereses en común.

El blog tampoco ha estado exento de polémica, como la que viví junto a Roberto, por una señora italiana hija del pintor Ottorino Mancioli, que creyó que estábamos ofendiendo a su padre, cuando la idea era destacar su obra. Caso aparte fue Sara, quien apasionadamente me conminó a escribir sobre temas verdaderamente importantes, como los que le dolían y le duelen a ese Chile que ella conoce desde su vida en Nueva York.

Para seguir con las conexiones, está Ewa Kulak, quien por estos días está en Polonia presentando el libro que compila algunos de sus escritos. Siento por ella una admiración cyber-cultural-literaria, por la bella forma en que transmite la y las culturas que la rodean, más allá de muchas fronteras. Fue muy emocionante cuando destacó mi blog en su sitio web, todo un honor viniendo de esta polaca tan patiperra (traducción: buena para recorrer el mundo). También ha sido increible tener en Chile y en mi casa a su cuñano Lizardo y a la encantadora Silvia.

Además de todo esto, el blog sirvió de vitrina para que me ofrecieran escribir una columna mensual sobre temas principalmente urbanos en el Revista Santiago Entretenido, espacio donde he escrito sobre la Plaza de Armas, la Feria de Artesanía de los Publos Indígenas en el Cerro Santa Lucía, la Confitería Torres, el Tren del Vino, el Museo de La Merced, la Bienal de Sao Paulo en el Mac, el Palacio Cousiño y la Plaza Las Lilas.

Add comment June 20, 2005

Periodismo, blogs y reporteros ciudadanos

bloggerlogo2.jpgHace algunas semanas leyendo el blog de María Pastora supe de su participación en el periódico coreano digital “Oh My News” y de su posible viaje a ese país asiático, para formar parte de un foro de periodismo participativo los últimos días de junio, invitada por este medio digital.

“Oh My News” es un periódico online que convirtió a los lectores en reporteros, para así tener aquellas noticias que van más allá de los datos entregados por las agencias informativas. Gracias al éxito de la experiencia, hace algunos meses el periódico abrió su versión en inglés y aunque no tengo mucho tiempo yo también decidí participar.

Hasta el momento escribí dos artículos para ellos y aunque pensé que se trataba de una colaboración gratuita me pagaron en Won, la moneda coreana. Además de lo divertida que me pareció la oportunidad, me entrevistaron para el portal periodístico estadounidense Poynter, para conocer mi experiencia y saber por qué una periodista hecha y derecha se interesaba en participar en un proyecto de periodismo ciudadano. Yo respondí algo así como: “… decidí participar porque estoy atravesando un momento de gran entusiasmo en mi carrera, colaborando para diferentes iniciativas innovadoras. Además me pareció una buena oportunidad para mejorar mis habilidades en inglés, obligándome a escribir y pensar en otro idioma”.

Pero más allá de mi experiencia personal y del poco tiempo que tengo para ser una “citizen reporter” constante, el tema del cruce entre el periodismo, los blogs y la partición informativa ciudadana da para mucho y créanme que es una bola de nieve que recién comenzó a rodar. De hecho, el diario “El Mercurio” publicó el viernes 27 de mayo un artículo más noticioso que reflexivo sobre este tema que ya se empieza a colar en los medios tradicionales.

Uno de los aspectos más interesantes que preocupa incluso a los editores de “Oh My News y otras instancias similares, es la veracidad de la información que recogen estos periódicos y los datos contenidos en los blogs que logran congregar a muchos lectores: cómo saber qué es periodismo y qué no lo es, qué es verdad y qué no lo es, discusión que mantuve recientemente con el gran periodista y maestro Abraham Santibáñez, cuando conversamos sobre el cruce entre periodismo y literatura. El problema está en que hay gente que inventa uno o dos datos para potenciar el estilo, pero después no paran y eso es muy peligroso, me dijo Santibáñez. Yo, a modo de retroalimentación le mandé unos post de Orsai que son de antología. “El hombre que sueña con todo lo malo“; “Las llagas de Waiser” y “Lado B: canciones lentas“.

Esto avanza tan rápido y tiene tantas aristas que creo que yo y muchas otras personas que trabajamos insertos en medios digitales aún no alcanzamos a dimensionar. De hecho, debo reconocer que estoy abrumada y fascinada al mismo tiempo con todo lo que está pasando a mi alrededor.

Supongo que de esto y mucho más hablaremos en el encuentro bloggero del 5 de junio.

Cultura blogger
Todo esto es definitivamente un fenómeno y lo que más me preocupa es que dudo que se pueda estudiar o definir, porque estamos en el centro del huracán, donde todo se mueve y todo avanza. La tecnología no para y nadie se puede bajar. Sin embargo, recientemente Roberto Arancibia, nuestro padre bloggero, siguiendo a Loïc Le Meur publicó publicó algunos lineamientos que de algún modo podrían “describirnos”. Todos me parecen muy acertados y los reproduzco aquí:

  • Los bloggers tienen la voluntad y el deseo de compartir sus pensamientos y experiencias con otras personas.
  • La creciente importancia de saber lo que otros piensan acerca de una idea o de una opinión concreta. En cuanto se construye una comunidad alrededor de un blog, su autor tiende a plantear más y más cosas a los miembros y lectores de ese grupo.
  • Los bloggers se ayudan mucho unos a otros, siendo incluso capaces de lanzar proyectos colaborativos, que sería muy difícil, si no imposible, lanzar en forma unilateral.
  • Conseguir información diaria de un gran número de fuentes se convierte en una necesidad cada vez más importante para la mayoría de los bloggers, que acaban leyendo decenas o incluso cientos de fuentes diariamente.
  • Los bloggers quieren tener el control de la forma en que leen las noticias, no quieren que se las ofrezcan como si se tratara de la verdad absoluta, que es lo que hacen la mayoría de los medos tradicionales.
  • Los bloggers tienden a ser “ciudadanos del mundo”, leen fuentes internacionales y quieren conocer a personas de otras partes del mundo.
  • Los bloggers se relacionan en la vida real. Una vez que construyen una comunidad virtual, organizan encuentros o conferencias para juntarse y conocerse.
  • Existe un “código compartido”: un vocabulario, un estilo propio de escritura y códigos de conducta (citar otras fuentes cuando las utilizas, enlazar esas fuentes, etc.).
  • Los bloggers están tan habituados a proporcionar retroalimentación (en forma de comentarios) en otros blogs, que se sienten frustrados cuando miran, leen o escuchan a los medios tradicionales, y no pueden realizar esos comentarios.
  • Es un hecho que los bloggers invierten mucho tiempo en sus blogs, quitándoselo normalmente a los medios tradicionales, a su tiempo libre y a sus horas de sueño. Esa irresistible voluntad de compartir con los demás es un vínculo en común muy fuerte.
  • La cultura de la velocidad: la necesidad de postear o reaccionar de forma instantánea.
  • La necesidad de reconocimiento. Los bloggers quieren expresarse y ser reconocidos por ello, lo cual ha provocado que muchos observadores externos hayan descrito a los bloggers como “grandes egocéntricos con mucho tiempo libre”.

Add comment May 30, 2005

Velas en el Latino

velas.jpgVarias veces he dicho que mi memoria es muy frágil. Recuerdo detalles y fragmentos, pero nunca hechos completamente articulados.

De esa mañana tengo grabado el sonido amenazante de un helicóptero, tal vez eran varios. No lo sé. También recuerdo ruido de autos y balas y, aunque sé que no lo vi, recuerdo al Tío Leo corriendo, angustiado, golpeado y herido, tratando de impedirlo.

Yo estuve ahí, a sólo 100 metros de donde fueron secuestrados. Estaba en el Latino de los Chicos, en Las Violetas. Tenía 8 años. Tercero Básico. Segundo piso con vista al patio, a la cancha de baby fútbol con sus murales, esos que nosotros mismos pintamos.

Lo que si recuerdo muy bien es la pena, el espanto del hallazgo de los cuerpos cerca del aeropuerto, los aniversarios, las velas. Muchas velas y un dolor mudo que sigue hasta hoy.

Es duro que algo así pase en tu colegio, es duro e injusto que un profesor y un papá mueran así, pero sin duda es más duro para los hijos, para sus parejas, para los colegas, para todos los que estaban en El Vergel ese día.

Hoy se cumplen 20 años e iremos a recordar, a romper la fragilidad de la memoria y una vez más habrá velas, cientos de velas, allí en mi colegio, donde fui niña y donde fui feliz, pero también donde conocí el dolor… el dolor ciego, sordo y mudo de esos años.

*Con cariño para Santiago Nattino, José Manuel Parada y Manuel Guerrero, para sus familias, para sus amigos y para todos los que llevamos el alma del Latino en el corazón.

Entrevista de LUN a Estela Ortiz de Parada

Add comment March 29, 2005

Terremoto del ‘85

terremoto1.jpgYo tenía sólo ocho años. Estaba viendo televisión. Una película de piratas, creo. Todo comenzó a moverse, la tele cayó al suelo y explotó. Tengo la sensación de haber bajado las escaleras volando, tomada de la mano de mi nana Marina. Mi mamá llegó al rato con la mamá de mi amiga Trini, la María Paz, que estaba muy nerviosa. La noche fue como un pijama party, porque dormimos todos en saco en el primer piso, en el living. Allí sentimos las réplicas nocturnas, con mucho miedo, pero también con gran emoción. Tiempo después supe que mis primas lo pasaron en el metro y que mi papá iba en auto. Siempre es un tema, sobre todo si hay extranjeros que nunca han sentido uno así de fuerte. Da mucho miedo, pero uno se siente un poco heróico por el hecho de tener un terremoto en el cuerpo.

¿Y usted, dónde estaba el 3 de marzo de 1985?

Add comment March 3, 2005

El tema sigue ahí

mar1.jpg

Aunque intente no pensar en ello, el tema de la muerte sigue ahí, siempre latiendo en todas partes, porque es tan fuerte como la vida y es parte de ella.

Lo único que me queda por hacer entonces es desear que no pase pronto. Ni para mí, ni para los que quiero, ni para nadie que disfrute de su existencia y haga un poco mejor la vida de los demás, la vida en este mundo.

Todo esto partió por un post de Petra que inspiró a Roberto y un post de Roberto que me inspiró a mí y nos vuelve a todos hacia el misterio, hacia el vacío, el susto, la esperanza o la pena.

Petra, la erudita Petra de reflexiones lúdicas y profundas, un día navegando por los mares de la red conoció el blog de Juan Vergescott, que resultó ser José Luis de la Fuente, catedrático en Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Valladolid. Petra se “enamoró” de su escritura impecable y, al poco tiempo, establecieron una relación virtual. Juan sigue ahí. Juan y todos los otros escritos de José Luis, pero José Luis murió hace algo más de un mes a los 40 años.

Roberto, mi tío-amigo-gurú bloggero, inspirado en Petra se pregunta que sucederá con “todo esto” cuando ya no estemos. Atendiendo a sus preocupaciones sobre el tema de las llaves, para su tranquilidad y por si sirviera de algo, les cuento que hay una copia en manos de mi hermano Felipe, que volvió sano y bello de Japón y que es amo y dueño del dominio que me aloja. Supongo que él sabría si merece la pena rescatar algo de todo esto, intervenirlo o cerrar la puerta para siempre.

Como le dije a Roberto y vuelvo a reiterar, sólo espero que eso no pase pronto, porque querámoslo o no a todos nos va a ocurrir, tarde o temprano. Yo simplemente trato de no pensar en eso, porque pensarlo me perturba demasiado.

En mi familia hay una fuerte carga genética referente al Alzheimer. Siempre fui la regalona de mi abuelita Nena, la luz de sus ojos, como ella solía decir. Hace más de 10 años cuando se enfermó y vi que poco a poco me iba olvidando y cómo ella sufría (espero y creo que ya no sufre tanto) le dije a mi papá que ya no quería saber ni aprender nada más, porque todo algún día se me iba a olvidar, incluso lo más querido, así que no tenía ningún sentido seguir aprendiendo.

Él (sabio el Gadi) me dijo que si fuera por eso, nada de lo que uno hacía valía la pena porque de todas formas uno se iba a morir, varios de nosotros tal vez mucho antes de olvidarlo todo. Sentí que tenía razón. Mucha y toda la razón.

Desde entonces ya no pienso en eso o trato de no hacerlo. Desde entonces soy más hedonista y trato de disfrutar al máximo de cada cosa y cada minuto. Y hablo de las cosas más simples. Una sopa calientita en el invierno, un helado de cono en el verano, ver las hojas moviéndose en las copas de los árboles, sentir un beso en el cuello, abrazar a mi amado, mirar a mi mamá y a mis hermanos, una sonrisa en la cara de mi padre (afeitado y todo), una linda película, escuchar a mis cantantes favoritas, dormir, mirar el mundo, las luces de la ciudad o las estrellas en el cielo, ver el amanecer en un lago, la puesta de sol en el mar, escuchar el sonido de las olas, conversar con amigos, comer castañas, sentir la lluvia, sentir el viento, sentir el sol. Amar.

Supongo que todo eso que siento, quiero y amo algún día no estará más. Por eso lo disfruto ahora. No sé que pasará después. No sé si me importe cuando ya no esté. Lo único que tengo claro y que me interesa, es que si hay algo por rescatar, si hay algo que merezca quedar, espero que sean cosas que den a otros más alegría y vida… los mismos ingredientes que me permiten ser feliz.

Add comment February 22, 2005

Del Latino con amor

palomacolegio.jpgSalí del colegio hace 10 años. Sí, es fuerte. No, no me digan que aún soy joven y todo eso, pues cumplir 10 años de algo, de lo que sea, es bastante y obliga a mirar hacia atrás, hacer recuentos, sacar nostalgias del cajón y mucho, mucho más.

Aunque cursé los tres últimos años de la enseñanza media en el Colegio Francisco de Miranda, donde hice grandes amigos, la mayoría de mis recuerdos añorados tiene relación con los 11 años que estuve en el Colegio Latinoamericano de Integración. Desde pre kinder hasta I medio. Una vida.

“Aquí estamos cantando y buscando la luz que siempre nos ha de guiar, con la frente en alto y sin desmayar, no tememos a la adversidad…” Creo que así empezaba el himno del colegio. Pero ese es sólo uno de los miles de retazos que tengo en mi mente.

Estuve ordenando y encontré fotos, cuadernos y el anuario de octavo básico… “Paloma Baytelman… amor platónico: Tom Cruise (perdón, era la época). Frase típica: Yo creo que, yo opino que. Regalo útil: un micrófono”. Las cosas no cambian, soy consecuente de nacimiento. Nací con mi estilo.

La tía Isabel y el Pelao eran mis ídolos. Mis amigas, la Trini, la Piti, la Maca Mallol, la Sole, la Tamara. En realidad el curso entero era una familia muy unida. Me acuerdo de los paseos al Manzano, las kermeses, el pepito paga doble, el tío Pedro Aceituno, mis nulas aptitudes para la gimnasia, cuando descubrimos los besos jugando al semáforo y “al cortado”, los “10 o 20 pesitos” de la tía Isabel y sus clásicos “ a corazón abierto” con los que nos hacía confesar lo más inconfesable. Como Pablo Antonio, cuando en 6° contó que yo le gustaba un poco y yo había muerto de amor por el en 4°, pero ya era muy tarde, para entonces me gustaba Benjamín. Sí, siempre fui enamoradiza. Traía el corazón gordito de fábrica.

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Tengo un amor y una nostalgia tan grande por todos, que comencé un intento para organizar el clásico encuentro de los 10 años, aunque yo no haya egresado del Latino.

La Sole Poirot, que está viviendo en España, mandó las fotos que inspiraron este post (en ambas yo soy la que sale más hacia la derecha). Mucha gente pasó por ese curso, pero hay algunos que fueron como hermanos para mí y de los que no he logrado conseguir sus datos: Álvaro Cahn, Nicolás Ferraro, Pablo Martínez, Tere Ramírez, Carolina Silva y Gonzalo Yavar.

Espero que podamos ubicarlos. La idea es hacer algo la segunda quincena de diciembre, aunque hay varios que no podrán venir porque están lejos. En fin. Con esto doy por inaugurada una etapa de recuerdos. Aunque continuaré recomendando panoramas y contando mis experiencias, en mis próximos escritos reviviré algunos episodios de estos últimos 10 años, donde les aseguro que me han pasado muchas, pero muchas cosas.

Add comment November 15, 2004

Encuentro en la estación

chris.jpgHoy murió Christopher Reeve. Yo lo conocí.

He escrito y contado muchas veces esta historia y seguramente hoy no tendrá tanta gracia como en oportunidades anteriores, pero haré “my best try”, como dicen los gringos.

A principios de 1994 me encontraba viviendo en Pikesville, un pequeño pueblo cercano a la ciudad de Baltimore, a una o dos horas de Washington D.C. Me había armado un auto intercambio estudiantil: me fui a vivir a la casa de mi tío Daniel e iba al Pikesville High School. Toda una experiencia.

Cada viernes después del colegio partía a Baltimore, allí compraba un “round-trip ticket”* y tomaba el tren a Washington D.C., ciudad donde vivía una de mis mejores amigas, Trini La Memoriosa.

Allí pasaba los fines semana, salíamos a pasear por Georgetown, veíamos el río congelado y visitábamos otras partes de la ciudad. Los domingos volvía a la Union Station a esperar el último tren de regreso a casa, siempre con mucha anticipación, pues las primeras veces perdí el tren y me tuve que quedar donde la Trini hasta el día siguiente.

En eso estaba una lluviosa tarde de febrero… sentada esperando. Comencé a mirar una larga fila de gente que se había acumulado para comprar un ticket quién sabe a dónde… la espera estaba muy lenta, pues la fila casi no avanzaba.

Entonces lo vi. Era uno de los últimos. Estuve contemplando mucho rato, para asegurarme de que era él. Mi ídolo de la infancia y la adolescencia. El hombre perfecto y bello de “Pídele al tiempo que vuelva” y “Súperman”. No estaba segura, porque tenía su pelo rubio y un poco canoso y estaba vestido de forma muy sencilla: unos jeans beige claros, botas de agua hasta la rodilla y una parka azul.

Seis años antes Christopher Reeve vino a Chile para entregar su apoyo en una serie de actos que fueron organizados, bajo el lema de “Artistas por la Democracia”. Creo que él en esa oportunidad había estado muy cercano a mi tía Shlomit. Incluso, aunque yo tenía sólo 12 años, ella me llamó para invitarme a una fiesta, en la que iba a participar. Yo quería conocerlo sí o sí. Pero a esa edad, uno propone y mamá dispone. Ante toda una semana con amigdalitis y temperatura superior a los 39º grados, la respuesta de mi madre fue una negativa rotunda.

Pero ahí estaba yo, en la estación y a cada minuto más segura. Sí era él. Esta era mi segunda oportunidad en la vida para conocerlo y no la iba a desaprovechar. Entonces puse en marcha mi lema de vida. (“No hay nada peor que arrepentirse de algo que no se hizo”), tomé mi mochila, caminé hasta la fila, me detuve a su lado y le toqué el brazo.

- Disculpe, puedo hacerle una pregunta – Le dije en mi aún chapurreado inglés.
- Por supuesto – respondió, de forma amable y encantadora.
- ¿Cuál es su nombre?
- Chris ¿Por qué?
- ¿Es usted Christopher Reeve?
- Sí.

Temblaba entera, no lo podía creer. Pensé en Luisa Lane, en la mirada de Rayos X, en su fuerza, en Krypton.

Finalmente continué hablándole. Me presenté, le dije que era de Chile y que era sobrina de Shlomit, a ver si se acordaba de su viaje a nuestro país. Él me dijo que la recordaba perfectamente, que atesoraba muchos recuerdos de ese viaje y comenzó a preguntarme muchas cosas, muchas más cosas él a mí, que yo a él. Mientras la fila seguía avanzando muy lentamente, él quiso saber de mi auto intercambio, sobre mi familia en Estados Unidos y en Chile, sobre mi experiencia en el colegio de Pikesvile. Él me contó que iba a la casa de unos amigos en Conneticut, de su visita a Washington y algunas cosas más que ya no recuerdo.

Después de largos minutos de conversación, la fila comenzó a avanzar, decidí despedirme y volver al asiento frente a mi andén.

“Adiós”, me dijo en su también chapuerreado español, mientras me alejaba. Good Bye, le respondí.

De pronto me detuve. Nadie me iba a creer, yo conversando con Súperman, como viejos amigos en una estación de trenes en un día lluvioso. Abrí mi mochila y busqué afanosamente algo, algún papel, un lápiz. Y volví a la fila, con mi aguaguada libreta de Snoopy en la mano. No sabía cómo se decía en inglés, pero intenté explicarle que quería un autógrafo, con mucha vergüenza, por cierto, hasta que finalmente me puso algo así como: “To Paloma, with love Chris”.

En mayo del año siguiente, supe de su accidente y cada que vez que lo veía, recordaba al hombre encantador, que aprovechó una larga espera en una estación, para hablar con una joven, como si fuera más que una admiradora, como si fuera una verdadera amiga y regalarme una de las historias más lindas de mi vida. Gracias Clark.

* Pasaje de ida y vuelta

2 comments October 11, 2004

Trini la memoriosa

triniamalia.jpgTrini es una amiga de toda la vida. Nos conocimos a los cuatro años, en el Colegio Latinoamericano de Integración y nos queremos con el alma hasta hoy.

El inicio de nuestra amistad no fue fácil. Ella era una chica dura y yo no me quedaba atrás. Me molestó y en respuesta mordí fuertemente su mano. Desde entonces fuimos inseparables y cada vez que alguien me decía algo, ella respondía “no molestes a mi amiga, porque ella tiene dientes de vampiro y si sigues te va a morder”.

Jugábamos a mil cosas: pintábamos, hacíamos teleseries con las Barbies, inventábamos historias y nos reíamos mucho. Trini era una vieja chica, hablaba como grande y era muy coqueta.

A los 11 años, se cambio de colegio y cuando teníamos 15 se fue a vivir a Washington, EE.UU. Mantuvimos la amistad por cartas y en 1994 fui a quedarme una temporada en ese país. Hicimos tantas cosas: fuimos al colegio, noches de reggae en el Roxy’s, vitrineamos, caminamos por Georgetown mil veces.

Ella se reía, se reía de las historias viejas y de las nuevas, se reía de mis invenciones en inglés. Si alguien nos preguntaba dónde íbamos, yo respondía “vamos a The house of the Trini” y ella se apretaba la guata. Llora de risa aún hoy, cuando han pasado 10 años y mi inglés es “casi” mucho mejor.

Trini se acuerda de todo, de cada detalle, porque si hay algo que la caracteriza es su buena memoria. Se acuerda de los nombres de las personas que conoció cuando tenía 8 o 10 años, se acuerda de los parentescos y de los recovecos de las historias. Es una especie de Ireneo Funes con respecto a lo social.

Trini me llama un par de veces al año y hablamos horas, nos ponemos al día, nos acordamos, pelamos, nos reímos, nos apoyamos. Es una amiga con mayúscula. Su última llamada fue el sábado, entonces ella me recordó un capítulo absolutamente olvidado para mí.

Nosotras conocimos muy bien a Rocío Sariego, la asistente de la Embajada Chilena en Costa Rica, que encontró la muerte de forma absurda el martes 27 de julio. Éramos compañeras en el coro del colegio, que dirigía el “tío” Rodrigo García. Volví a ver la foto de Rocío, miré su sonrisa y la recordé perfecto. Inseparable de Elisa Treviño, las dos altas, grandes y un poco alternativas. Recordé que estaba dos cursos más arriba que nosotras y usaba el pelo corto, pero no mucho más. Trini se acuerda de todo.

La memoria, ese es mi principal problema. Mi memoria es selectiva, cortoplacista, antojadiza. Por eso me gusta contar las historias con muchos detalles, en colores, con aroma y gusto, porque sé que mañana no las recordaré como las recuerda la Trini.

Aquí, un sentido homenaje a Rocío, Cristián y Roberto, y a todos los que sufren y seguirán sufriendo por ese martes negro.

Add comment August 8, 2004


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