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Para los que se queden en Santiago, para los que vengan a la capital este fin de semana largo o para los que tienen ganas de hacer algo entretenido alguno de los otros fines de semana de agosto, existe un panorama que para mí resulta imperdible: aprovechar las visitas guiadas que todos los sábado a las 12 del día están realizando en el Museo La Merced. Hace algún tiempo escribí aquí sobre este mágico lugar y lo bien desarrolladas que están dichas visitas. Después, esa experiencia dio pie a una nota que escribí en febrero para una revista sobre mi ciudad…
“Además de los objetos que dan cuenta de la llegada de la orden de los mercedarios a América, ese lugar tiene una de las colecciones de arte pascuense más ricas que existe en Chile – dijo el profesor Enrique Solanich en una de sus clases – queda cerca de su casa señorita Baytelman, debería visitarlo”, acotó. Pero en esa época, 1999, el Museo La Merced se encontraba cerrado por restauración de sus dependencias.
De cualquier modo le hice caso y fui varias veces hasta la esquina de las calles Mac Iver y Merced. A través de los barrotes veía parte del jardín; un espacio digno de cuento renacentista. Tras los muros imaginaba las valiosas piezas arrumbadas. Esculturas sacras de piedra volcánica y maderas nativas casi extintas llenándose de polvo.
- ¿Dónde? – pregunté.
- En la Cafetería del Museo La Merced – dijo mi amiga Cristina al otro lado del teléfono.
Entonces supe que éste había reabierto sus puertas a fines de 2003 y que estaba invitada allí a tomar un café el sábado siguiente a las 11 de la mañana.
Tras la conversación de rigor en una de las mesitas dispuestas junto al maravilloso jardín, entramos al museo. Me llevé una grata sorpresa. La restauración fue hecha con pulcritud y cuidado en los requerimientos técnicos y funcionales, la circulación de los visitantes y la conservación del material exhibido, así como la continuidad estética en que son presentados los objetos, lo que permite apreciar de buena manera cada pieza, cada obra.
El recorrido se divide en siete espacios. En el primero se encuentra una pequeña parte de la famosa colección Rapa Nui de la que tanto había oído hablar. Las demás habitaciones permiten un recorrido por la historia de la orden religiosa, desde su formación -pasando por el encuentro de los dos mundos- hasta las manifestaciones del catolicismo en América, la mayoría producto del mestizaje artístico que surgió de la unión de ambas culturas.
Además de lo llamativas y bellas que resultan algunas piezas, cada sala posee un trabajo de que rescata la estructura original del recinto, reconstruido luego el terremoto de 1730, a la vez que juega con elementos de arquitectura y diseño modernos; para cada una de ellas también se dispuso iluminación especial y música acorde con la muestra exhibida.
Llevé a Cristina a la Basílica de La Merced, colindante al museo, para mostrarle el púlpito, ya que se trata de una de las piezas coloniales más importantes de Chile. Tallado con figuras alegóricas de los evangelistas (el águila, el toro, el ángel y el león) la obra del Siglo XVIII se atribuye al artista Jorge Lanz. Otra joya más del valioso tesoro mercedario.
www.museolamerced.cl
Visitas guiadas a cargo de licenciados en Historia del Arte.
Valores: $1000 adultos, $500 pesos estudiantes y adulto mayor, niños gratis.
Add comment August 8, 2005
Y se quemó…
Por años me llamó la atención esta propiedad ubicada en Av. Grecia con Bustamante. Creo que la curiosidad se prendía por el contraste y por el mito.
El contraste entre este palacio señorial y su decadente estado de conservación, y un barrio que no tiene nada de lujoso ni palaciego. La casona estaba sola en medio de un paisaje urbano que le era cada vez más ajeno. Sola, alimentando el mito: “esa es la Casona Mujica, un lugar embrujado”, “penan”, “se escuchan cadenas y gritos ahogados”…
La casona fue construida en 1915 para la familia Mujica y no se conoce ningún hecho funesto que haya ocurrido allí, pero los dueños aburridos de su abandono decidieron ponerla en remate con un precio mínimo de 148 millones de pesos.
El día fijado fue el miércoles 27 de agosto y el remate cerró en 300 millones (US$ 500.000). Cinco días más tarde, en la madrugada del 2 de agosto de 2005, la casa se quemó casi por completo.
Un amigo está seguro que el suceso es parte de la maldición del lugar. A mí me parece un hecho bastante curioso, sobre todo pensando en cómo se puede aprovechar el terreno de la construcción que tenía seguros comprometidos y no era patrimonial. Cada cuál puede pensar lo que quiera. Fantasmas o negocio, sólo ellos saben.
Add comment August 2, 2005
Una gruta en la ciudad
Esta fue la segunda entrega que escribí en enero de 2005 para la revista de panoramas de la que hablé anteriormente. Mis trabajos aparecían en la sección “Mirada Urbana”. Así es como veo mi ciudad.
Siempre trato de cambiar la ruta cuando camino por el centro de Santiago. Descubrir nuevos lugares, detenerme y mirar. El último hallazgo fue una caverna. Sí, como leen, una caverna en medio de la ciudad.
Llegué cruzando la Plaza Benjamín Vicuña Mackenna, ubicada en la intersección de la Alameda Bernardo O’Higgins y Miraflores, a un costado de la Biblioteca Nacional. Allí, en la ladera poniente del Cerro Santa Lucía, como si fuera un trozo de tiempo petrificado de la época de la Conquista o de la Colonia, existe un refugio que alberga al Centro de Exposición de Arte Indígena, espacio muy visitado por turistas, pero poco conocido por los habitantes de la capital.
La caverna que ocupa el centro artesanal es casi tan antigua como la urbanización del cerro. Sin embargo, recién a principios de los ‘90 un grupo de artesanos, respaldado por la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI), propuso dar un nuevo destino al lugar que hasta ese momento se utilizaba como depósito de basura.
Tras cuatro años de gestión, el 25 de septiembre de 1996 se inauguró este centro, que cuenta con 12 locales donde es posible encontrar artesanía mapuche, rapa nui y aymara.
Entre telares, vasijas y joyas, Juanita Queupumil, una de las locatarias, me explica que al principio el espacio no estaba del todo cerrado, por lo que su habilitación significó completar el muro exterior de la gruta. En el piso, las baldosas también fueron dispuestas respetando patrones geométricos típicos de los dibujos decorativos mapuches, lo que contribuye al aspecto sobrecogedor e integral del lugar.
¿Qué venden? La oferta es variada y muy interesante. Tejidos en lana de oveja y alpaca, objetos de greda, joyas de plata, máscaras, fuentes y utensilios de madera de raulí, flautas y ocarinas. En los puestos rapa nui tienen reproducciones de moais, collares y variados objetos de miro tahito (madera) y maea (piedra volcánica), elementos propios de Isla de Pascua.
Fresco en verano y agradable en invierno, el centro efectivamente ofrece una muestra de alto nivel de nuestros pueblos originarios y no aquellas mezclas de productos importados y en serie que exhiben en muchas ferias que se dicen artesanales.
Con todo, este es un espacio ideal para hacer un alto en el centro y librarse del calor y el ruido. Casi un viaje en el tiempo, que también permite apreciar objetos propios de los pueblos indígenas, uno de los aspectos más ricos y profundos de nuestra cultura.
Centro de Exposición de Arte Indígena
Av. Libertador Bernardo O’Higgins 499
Teléfono: 632 3668
Horarios: Lunes a sábado 10:00 a 19:00 (verano), 10:00 a 18:00 (desde abril)
Entrada liberada
Add comment July 26, 2005
Revisitando la Plaza de Armas
En diciembre de 2004 comencé a escribir una serie de artículos para una revista de panoramas que, actualmente, está en proceso de reorientación. Como no quiero que estos escritos se pierdan en el tiempo, he decidido compartirlos a través de mi blog. Qué mejor lugar para exponer esta “Mirada Urbana”.
Estoy en el Museo Histórico Nacional realmente impresionada con Ulk, el gran danés del ex Presidente Arturo Alessandri Palma. Está embalsamado pero me mira como si en cualquier momento fuera a ladrar.
Es, sin duda, uno de los elementos más curiosos de esta antigua construcción sobre la Plaza de Armas, que fue edificada para acoger al Palacio de la Real Audiencia. También resultan llamativos un par de cuadros del pintor inglés Thomas Somerscales; salitre auténtico y billetes de los bancos de Melipilla, Caupolicán, Ñuble y del Banco del Pobre.
Casi termino el recorrido cuando veo a una pareja de extranjeros acompañados por un guía. Les pregunto si me puedo unir y comienzo a escuchar las interesantes explicaciones del joven que trabaja los fines de semana como voluntario.
Luego de un rato me pongo a conversar con ellos. John Coker y su esposa Virginia viven en San Francisco, EE.UU., y él habla muy bien español, pues su madre era mexicana. Quieren conocer más de la Plaza de Armas y me ofrezco a ayudarlos.
Visitamos el bello Museo Postal y Telegráfico reinaugurado a la entrada del Correo y en la esquina de Monjitas con Puente, les muestro el reflejo de la Catedral en la fachada del Edificio Plaza de Armas, lo que se ha convertido en una recurrente imagen turística de Santiago. Abajo comienza la “Pequeña Lima”, con sus restaurantes y centros de llamadas, punto de reunión para cientos de peruanos que inmigraron a nuestro país en busca de mejores oportunidades.
Luego pasamos fuera del Restaurant Marco Polo, donde un grupo de turistas daneses disfruta sus platos de pescados y mariscos. En la explanada hay gente jugando ajedrez, cesantes, predicadores, magos, fotógrafos, pintores y un peluquero, que por mil pesos ofrece “arreglar los desastres que han dejado otros”. John dice que no necesita este peculiar “servicio a la comunidad”. Yo tampoco.
En Ahumada con Compañía entramos a la “esquina de la suerte”, el lugar donde más se juega en Chile. Ubicada allí hace unos 40 años, esta agencia de lotería ha entregado varios de los premios históricos. A mis nuevos amigos les llama la atención como las personas miran en las vidrieras buscando sus números favoritos, realizan algunas cábalas y luego pagan el boleto con los ojos llenos de sueños.
Terminamos en el Portal Fernández Concha. Se acerca la hora de almuerzo y decidimos entrar al “Ex Bahamondes”, fuente de soda que hace dos décadas fue la primera en ofrecer hot dogs de 30 centímetros. Pedimos unas cervezas bien heladas y brindamos por esta nueva amistad que me permitió revisitar el eje de Santiago, un hito urbano de fuertes contrastes, que tiene tanto de conocido y tanto por descubrir.
Add comment July 19, 2005
Si se la sabe, cante
No lo puedo evitar… soy muy buena “pa’ meter la cuchara” (opinar en conversaciones ajenas o diálogos en que no se ha sido invitado). En el fondo tengo espíritu de cubano en Miami. De esos que conversan con todo el mundo y opinan de todas las cosas. Pero, al parecer, no soy la única.
Sentada en la micro rumbo a un taller para periodistas. A mi lado un hombre mayor, uno de esos jubilados que parecen extras de comerciales para la tercera edad, con sombrero alón y todo. Atrás, una abuela y su nieta de ocho años. La mujer acurruca a la niña y le canta una canción de cuna. “Arru ru mi niña, arru ru mi amor, duérmete muñeca de mi corazón”. El anciano se da vuelta y la corrige: “… duérmete pedazo de mi corazón”. “Ay sí, tiene razón”, dice la viejita y sigue cantando. El hombre complacido dibuja una sonrisa en su rostro, como si la meta del día estuviera cumplida.
Lo mío es más descarado y peor, porque la meta no se cumple nunca. Lo más raro de todo es que mi particular mala memoria desaparece cuando se trata de conversaciones de otros.
En la sección de verduras del supermercado dos reponedores comentan lo guapa que es una chica, una de las cajeras que según escucho se viste siempre de rosado.
- Es igualita a una de las actrices de la novela
- ¿De cuál novela?
- Esa que sale en “Brujas”, la… Antonela algo…
“Ríos”, le digo yo, “Antonela Ríos”. Así es este espíritu loco que me tocó. Ellos me dan las gracias por mi respuesta. Hay quienes se ríen y otros que se enojan, los menos, por suerte. Ejemplos tengo muchos más, como cuando la gente conversa en la fila del banco o en el metro y están tratando de acordarse de un nombre de un libro o una película y yo les completo la frase. Incluso a veces les pido más antecedentes.
- Disculpe que me meta, pero ¿usted habla de esa en que Harrison Ford es un arqueólogo? – pregunto.
- Sí, esa misma.
- Se llama Indiana Jones, pero hay tres partes, usted seguramente vio la del Arca…
Mejor ni explico cómo gozo cuando en la televisión dan programas con concursos del tipo de “Si se la sabe… Cante” o “Quién quiere ser millonario”, lo raro es que siempre los participantes cantan o contestan mucho antes que yo… Entonces comprendo aliviada que no soy la única… Existen peores.
Add comment July 5, 2005
Leche de Burra
Él no pudo creerlo cuando leyó la noticia en “El Mercurio”, pero yo se lo confirmé: frente al Mercado Central se instala un hombre a vender leche de burra ¡y anda con los animales!
- ¿Por qué no me contaste? – preguntó abriendo los ojos muy grandes.
- Porque no creí que te interesara. Veo tantas cosas extrañas, que no pensé que fuera algo fuera de lo común.
Y efectivamente los había visto varias veces, al hombre y sus dos burras, mientras camino desde el otro lado del Río Mapocho rumbo a casa. Sin ir más lejos, el otro día se pusieron junto a mí para cruzar en la luz verde y un par de mujeres se acercaron a comprar.
- ¿Cuánto les doy caseritas?- preguntó el “lechero” a sus clientas.
- Yo quiero un vasito corto para tomar acá no ma’ y a mi hermana dele medio litro pa’ llevar a la casa- respondió una de ellas.
El hombre, obediente, llenó un vaso y echó algunas medidas dentro de una bolsa transparente que anudó con cuidado.
Como mis conocimientos lácteos son bastante restringidos, hice una de esas preguntas estúpidas y retóricas (como cuando voy a un restaurant o a una pastelería y pregunto a al garzón o la dependienta si es rica tal o cual torta, sabiendo que siempre su respuesta va a ser afirmativa). Pues bien, pregunté a las clientas si era rica la leche de burra. Pero la respuesta vino del “lechero”.
- Muy rica caserita ¿nunca la ha probado? Es rica en vitaminas y minerales- me dijo insistiéndome en que probara “un dedito” en un pequeño vaso que tenía.
Aunque el hombre estuvo lejos de convencerme, seguía intentándolo cuando llegó una pareja de carabineros y le dijeron que se fuera, qué estaba prohibido vender leche con esas condiciones de higiene, sacada directamente de las ubres del animal, ahí en medio de la calle. “Pero si mis animales están sanitos, oficial”, reclamaba el hombre. “¿Y usted cómo lo sabe?”, increpaban los policías… “Ya, ya, ya, váyase no más, si no quiere que lo llevemos con burras y todo a la comisaría”.
El “lechero” dio media vuelta y comenzó a alejarse lentamente con sus animales. A esas alturas yo había perdido varios semáforos verde por estar parada mirando, como si fuese invisible.
Empece a cruzar la calle con las demás personas, mientras me reía de la situación, pero hasta que él lo vio en el diario, nunca pensé que era algo fuera de lo común. Parece que algunas cosas que me suceden, no son del todo normales.
Add comment June 27, 2005
Un año interconectada
Gracias a la sugerencia del Tuco y la paciencia de Felipe, a mediados de 2004 nació este espacio donde, en forma semanal, me propuse plasmar ideas mezcladas con algunas cosas que pasan frente a mis ojos. Desde entonces, con más frecuencia de la habitual, mi vida comenzó a tejerse de coincidencias y cruces hermosos y raros.
Conocí a Roberto Arancibia, quien para mí y muchos otros es el padre de los bloggeros chilenos, y además resultó ser amigo de infancia de mi padre y mis tías. Un comunicador hiperactivo que nos reúne y nos incentiva “sin querer queriendo” a crear a partir de nuestras experiencias. Desde entonces han pasado muchas cosas y me he reencontrado y conocido real y virtualmente a muchas personas.
La retroalimentación que he recibo es un tema aparte. Uno de los hechos que más me conmovió fueron los mensajes de Armando, quien vive en Estados Unidos y, durante sus años en Chile conoció a Bernardo Baytelman, el Beco, mi abuelo paterno. El Beco era un ser mágico y luminoso, que marcó la vida de mucha gente. Murió muy joven, a los cincuenta y tantos en el exilio, en México. Mis recuerdos se confunden en la memoria de los otros, como la de Armando, a quien mi abuelo ayudó durante un incidente antisemita que ocurrió en Santiago hace más 40 años.
También son muchos los que han llegado al blog porque estudiaron en el Latinoamericano de Integración, o tienen alguna afinidad con este colegio que marcó una parte importante de lo que soy y que ha inspirado varios de los escritos que habitan este lugar.
El mundo del blog me llevó a conocer personalmente y tras una cuota preocupante de casualidades a Agnes, quien tiene un parecido onírico con mi madre, lo que supongo se relaciona con sus genes rusos. En lo virtual no puedo dejar de mencionar a Ceci, mi amiga y colega que está en Vancouver, con quien compartimos una forma muy parecida de mirar y contar las cosas, aunque sé que en la vida real ella es mucho más tímida que yo, y en lo profesional, más matea.
Como algo curioso, puedo citar que hace poco me escribió Nibaldo, creador de zurdos.cl, pidiéndome que le explicara cómo les enseñé a mis hermanos a tejer. Asimismo, recibí un comentario de agradecimiento de Rolando Báez, curador del Museo La Merced, con quien nos juntamos a tomar un café y también estamos tejiendo una amistad con lana colorinche de gustos e intereses en común.
El blog tampoco ha estado exento de polémica, como la que viví junto a Roberto, por una señora italiana hija del pintor Ottorino Mancioli, que creyó que estábamos ofendiendo a su padre, cuando la idea era destacar su obra. Caso aparte fue Sara, quien apasionadamente me conminó a escribir sobre temas verdaderamente importantes, como los que le dolían y le duelen a ese Chile que ella conoce desde su vida en Nueva York.
Para seguir con las conexiones, está Ewa Kulak, quien por estos días está en Polonia presentando el libro que compila algunos de sus escritos. Siento por ella una admiración cyber-cultural-literaria, por la bella forma en que transmite la y las culturas que la rodean, más allá de muchas fronteras. Fue muy emocionante cuando destacó mi blog en su sitio web, todo un honor viniendo de esta polaca tan patiperra (traducción: buena para recorrer el mundo). También ha sido increible tener en Chile y en mi casa a su cuñano Lizardo y a la encantadora Silvia.
Además de todo esto, el blog sirvió de vitrina para que me ofrecieran escribir una columna mensual sobre temas principalmente urbanos en el Revista Santiago Entretenido, espacio donde he escrito sobre la Plaza de Armas, la Feria de Artesanía de los Publos Indígenas en el Cerro Santa Lucía, la Confitería Torres, el Tren del Vino, el Museo de La Merced, la Bienal de Sao Paulo en el Mac, el Palacio Cousiño y la Plaza Las Lilas.
Add comment June 20, 2005
El gusto de haberlo conocido
Sábado. 18:30. Plaza de Armas. Busqué un lugar para sentarme frente a la Catedral y vi cómo cientos de personas entraban a despedirse simbólicamente del Papa.
Beny Pilowsky, mi abuelo materno,en su calidad de presidente del Comité Representativo de las Entidades Judías de Chile (CREJ), lo conoció personalmente cuando vino a nuestro país.
La suya fue una de las reuniones ecuménicas más largas que el pontífice tuvo en su visita de 1987. Cuenta Beny que estuvieron juntos durante media hora en la que hablaron en idish, hebreo, inglés y español.
Wojtyla le preguntó por el origen de su apellido, porque le sonaba a polaco y mi abuelo le contó que había nacido en Vilna, en Lituania, ciudad que en algún momento fue territorio de Polonia. Entonces el Papa insistió en tratar de hablar con mi abuelo en ruso o en polaco, pero no hubo caso. Haciendo gala de sus menores pero admirables dotes políglotas, en los otros idiomas Beny le explicó que vino a Chile cuando sólo tenía 2 años, así que nada sabía de esas lenguas.
Lo recuerda como un hombre carismático, pero muy conservador, con quién habló sobre la vida y problemáticas de los judíos en nuestro país, del Holocausto y del Estado de Israel.
Crecí viendo en un muro de su casa la foto que retrata el momento histórico. Mi abuelo aparece con la mano en el bolsillo de la chaqueta. “Muchos pensaron que le estaba entregando una donación”, me dice Beny al otro lado del teléfono y me explica riendo que no era un cheque sino una carta. Conociéndolo me imagino que debe haber sido una carta larga y llena de argumentos, en la que trataba con profundidad muchos de los aspectos sobre los que hablaron personalmente.
En la plaza, un poco más allá vi a una pareja de vagabundos que conversaban sentados, hasta que ella se puso de pie y, mientras se daban la mano con gran formalidad, le dijo al hombre: “Fue un gusto haberlo conocido y haber tenido la oportunidad de hablar con usted”.
Los miré desconcertada y pensé que lo mismo debe haberle dicho mi abuelo al Papa 18 años antes. Definitivamente este es un mundo de contrastes.
Add comment April 5, 2005
Ni verde, ni italiana
En el centro de Santiago hay un hombre que se pasea por las calles vestido como una mujer, una señorona. Podría ser un simple vagabundo, pero no lo es. Es el Divino Anticristo, o por lo menos así se hace llamar. Lleva un carro de supermercado, a veces son dos. Allí guarda cosas que recoge de la calle, algunas las vende.
El Divino es escritor, es poeta. Tiene un estilo curioso, trastocado, pero a la vez contundente y lúcido. Sobre él se tejen muchas historias, algunas son verdades, otras mitos urbanos.
El Divino Anticristo es columnista también. El periódico “The Clinic” ha publicado varios de sus escritos, pero ahora el Divino dice que está enojado con la gente del “The Clínic”, porque se pusieron “hidrofóbicos” con él.
En una ocasión leí que el Divino odia a las mujeres y, sobre todo, a las mujeres viejas. Por eso, generalmente mantengo la distancia cuando lo vemos, aunque he cruzado un par de palabras con él. Una vez, compramos algunas de sus creaciones literarias que vende en fotocopias. Le preguntamos si necesitaba algo. “Una máquina de escribir que no sea verde ni italiana”, respondió.
Al igual que los bloggeros, el Divino lleva una bitácora. Es una bitácora santa y demoníaca con un lenguaje reinventado que divide en “facsímiles electro-químicos”.
Hace semanas que no lo veo.
Estoy pensando que el Divinísimo consiguió la licuadora roja para mezclar parabolísimas, que está encerrado en las calles y que es invisible mientras escribe sus letrísimas en respuesta a los hidrofóbicos.
Add comment March 16, 2005
Terremoto del ‘85
Yo tenía sólo ocho años. Estaba viendo televisión. Una película de piratas, creo. Todo comenzó a moverse, la tele cayó al suelo y explotó. Tengo la sensación de haber bajado las escaleras volando, tomada de la mano de mi nana Marina. Mi mamá llegó al rato con la mamá de mi amiga Trini, la María Paz, que estaba muy nerviosa. La noche fue como un pijama party, porque dormimos todos en saco en el primer piso, en el living. Allí sentimos las réplicas nocturnas, con mucho miedo, pero también con gran emoción. Tiempo después supe que mis primas lo pasaron en el metro y que mi papá iba en auto. Siempre es un tema, sobre todo si hay extranjeros que nunca han sentido uno así de fuerte. Da mucho miedo, pero uno se siente un poco heróico por el hecho de tener un terremoto en el cuerpo.
¿Y usted, dónde estaba el 3 de marzo de 1985?
Add comment March 3, 2005
¿Y usted ya votó?
Con el calor que suele caracterizar los días de elecciones, ahí estaba yo, sentada en la cuneta afuera de una farmacia en Tomás Moro con Bilbao.
- ¿Y usted ya votó? – me preguntó un dependiente de la tienda con la franca intención de ayudarme.
- No – Respondí.
En efecto no había votado, porque al llegar al que tradicionalmente había sido mi local de votación, me encontré con que este ya no existía. Más bien dicho, ese colegio ya no era una sede electoral.
Siempre había ido al mismo lugar, al mismo gimnasio, a la misma mesa y a la misma hora. Incluso podría asegurar que en varias oportunidades estaban las mismas vocales de mesa y me topé con la misma gente en la fila. Por eso me pareció tan raro que no hubiera autos sobre las veredas, ni heladeros ofreciendo a viva voz sus bebidas frías. Sólo atiné cuando casi llegando a la puerta del colegio me detuve en un kiosco a comprar una bebida y me informaron sobre mi error.
Ahí estaba yo, con el celular descargado, esperando algunos minutos para llamar nuevamente a mi madre y que ella me dijera en qué lugar de la comuna de La Reina me tocaba votar. Entonces me puse a pensar en lo mucho que me gustan los días de elecciones: ver a la gente en la calle. Padres con hijos, ricos y pobres, gordos y flacos, lindas y feas. Todo el mundo, o casi todo el mundo, va con o sin gusto a votar. Lindo.
Finalmente llegué al Colegio Teresiano que queda en Américo Vespucio, por donde yo ya había pasado dos horas antes en la micro con destino y mi clásico pero herrado destino.
Una vez en el lugar, cuando logré orientarme, vi que todas las mesas tenían filas que daban para largas esperas… Menos mi mesa (Por fin algo que coincidía con mi acostumbrada realidad electoral). Sólo había un par de personas antes que yo y unas vocales que me parecieron conocidas y amigables.
Les comencé a contar mi historia. De lo muy perdida que andaba. Me dijeron que mucha gente había llegado al local antiguo. Entonces intervino la mujer que esperaba para votar antes que yo.
- Hace semanas que hay un tremendo cartel afuera del “colegio”, del Saint John Villa Academy, que dice muy claro que ya no es más sede electoral- me dijo con prepotencia y una papa en la boca.
- Mira linda, hace tres meses que no vivo ni paso por La Reina (mentira) y desde la última elección que no voy a “el colegio”- Le respondí picada, con una papa más grande en la boca, imitando su tono de pituca renovada.
Después entregué mi carnet de identidad, firmé el registro, entré al “cuarto oscuro”, marqué a mis candidatos(as) para alcalde y concejal, con mucho esfuerzo logre doblar los votos, salí, los deposité en las urnas respectivas y manché mi dedo con tinta azul. Todo un acto ciudadano.
Ayer en las noticias hablaban sobre el voto electrónico que ya se utiliza en buena parte de América Latina. A mí me gusta el sistema a la antigua, en el que uno puede perderse de local, reencontrarse, saludar a las vocales, pelear con alguien en la fila y todo aquello.
¿Qué por quién voté?… Pues bien, el voto señores… es secreto. ¡Viva Chile!
Add comment November 2, 2004
Museo la Merced
El sábado llegué hasta el Museo de la Merced, para asistir a la visita guiada que recomendé en un post anterior.
Realmente es muy satisfactorio presenciar un trabajo tan bien hecho. No sólo la visita fue maravillosa, sino además me encontré con que la restauración del museo fue hecha con gran pulcritud y un estilo excepcional.
Quiero detenerme para explicar que la Museografía es el área que dice relación con la teoría y práctica de la instalación de museos y abarca aspectos tales como los requerimientos técnicos, funcionales y espaciales, la circulación de los visitantes y la conservación del material exhibido. Asimismo, se ocupa de la forma estética en que son presentados los objetos, para un mejor aprovechamiento de la transmisión del mensaje de cada obra.
Pues bien, la museografía que consideró la restauración del recinto es excepcional: cada sala posee un trabajo de reconstrucción y rescate de la estructura original del recinto, a la vez que juega con elementos de la arquitectura e interiorismo modernos; para cada una de ellas también se cuenta con iluminación especialmente trabajada para las obras que allí se exhiben y música acorde con la muestra de la sala.
Sin contar el espacio donde se expone parte de la colección pascuense, el programa del museo considera tres salas. La primera de ellas da cuenta de la creación de la orden y la llegada de los Mercedarios a América, la segunda está dedicada a la Virgen de la Merced y su representación en el mestizaje artístico, mientras que la tercera exhibe una singular colección de fanales decorativos con imágenes del Niño Jesús.
El guía nos mostró además el descanso de la escalera, donde hay representaciones de cristos en la cruz y santos, en tallas completas e imágenes de vestir; una galería con retratos de los Reyes de Israel y la Basílica de La Merced, donde se encuentra uno de los púlpitos coloniales más importantes de Chile. Tallado con figuras alegóricas de los evangelistas (el águila, el toro, el ángel y el león) la pieza del Siglo XVIII se atribuye al tallador Jorge Lanz. Una verdadera joya que vale la pena ver.
Si bien el museo se puede visitar en forma gratuita de martes a sábado, la visita guiada es una gran oportunidad, más todavía considerando que los guías son personas muy instruidas en el ámbito del arte colonial. La última oportunidad es este sábado 30 de octubre a las 11 de la mañana… el valor, sólo mil pesos. Tampoco puedo dejar de mencionar el pequeño jardín encantado y su bello café.
Add comment October 25, 2004
Se vende este monumento
Bajando por la calle Tarapacá en dirección al poniente, todas las mañanas en el cruce con Santa Rosa, llamaba mi atención una casona roja de aspecto colonial. Es la Casa de los Diez. Eso era todo lo que sabía, hasta que en su fachada vi un gran cartel que dice “Se Vende”.
Me preocupé, porque en mi época universitaria veía como unas cuadras más abajo, en el barrio Ejército, se demolían viviendas de principios del Siglo XX de gran influencia francesa, que daban un estilo inconfundible a la zona. Las botaban para repoblar el centro de Santiago. La renovación urbana me parece una buena iniciativa, pero sólo cuando se practica con criterio, lo que no era el caso.
Comencé a investigar, hice algunas llamadas telefónicas, un poco de navegación y me encontré con datos muy interesantes.
Cabe destacar que pese a la loable labor de un puñado de arquitectos, artistas y otros profesionales, Chile es uno de los países de la región que menos resguardo ha tenido de su patrimonio arquitectónico, hecho del que se salvan unas pocas construcciones que por su valor arquitectónico, histórico o cultural, han sido designadas como monumentos y no pueden sufrir grandes modificaciones estilísticas ni estructurales.
Pues bien, la Casa de los Diez es monumento y no la pueden botar. Averigüé y efectivamente es posible su venta, pues la propiedad pertenece a un privado, también me contaron que cuando se vende un monumento la primera opción de compara la tiene el Estado. ¿Qué ocurre? El Estado no tiene dinero para comprarla, así es que no le interesa. Sigue a la venta.
Asimismo me di cuenta de mi error, esta no es una construcción de la época de la Colonia, sino que fue hecha mucho después (en 1850), corresponde al estilo Neo Colonial y a principios del Siglo XIX fue remodelada.
Un poco de historia. En 1916 un conjunto de intelectuales se autodenominó Grupo X y como Douglas Coupland aún no pensaba en nacer, muchos no entendieron que se referían al símbolo que grafica las incógnitas matemáticas, a la equis, y pensaron que era un número romano, por lo que los llamaron el Grupo de los Diez. Tampoco coincidía con la cantidad de integrantes pues eran 11. Sí, 11 de los más connotados artistas e intelectuales de la época, que encontraron en esa casa su lugar de reunión.
Esta hermandad estaba integrada por Juan Francisco González (pintor, 1853-1933), Manuel Magallanes Moure (poeta, 1878-1924), Julio Bertrand Vidal (arquitecto, 1887-1918), Pedro Prado (arquitecto, 1886-1952), Alberto Ried (1884-1965), Armando Donoso (crítico literario, 1886-1946), Acario Cotapos (1889-1969), Alberto García Guerrero (músico, 1886-1974), Ernesto Guzmán (poeta, 1877-1960), Eduardo Barrios (escritor, 1880-1950) y Augusto D´Almar (escritor, 1880-1950).
Arquitectura. La Casa de los Diez sigue la distribución propia de las construcciones coloniales, con un esquema de tres patios, corredores y un gran portón al centro de la fachada. Durante 1924, Fernando Tupper, arquitecto muy ligado al grupo, proyectó la remodelación de esta antigua casa de su propiedad, para que sirviera de lugar de reunión al colectivo, tarea en la que participaron todos sus integrantes. La torre de 19 metros de altura fue diseñada por el arquitecto alemán Rodolfo Brünning; Alberto Ried esculpió uno a uno los capiteles de diez columnas que rodean el patio románico; Julio Ortiz de Zárate intervino el pórtico y la puerta de cedro y Pedro Prado diseñó en hierro forjado la reja que enfrenta la calle.
Aunque según los entendidos en la materia, la Casa de los Diez no tiene un gran peso desde el punto de vista de la arquitectura, su valor histórico y cultural la llevaron a ser declarada Edificio de Conservación Histórica en 1997, de acuerdo con la Ley General de Urbanismo y Construcciones.
Pues bien, tenemos aquí una magnífica propiedad que continúa a la venta (1110 metros cuadrados en pleno centro de la capital, por la módica suma de $600 millones de pesos o un millón de dólares). Cabe señalar que no cobro comisión por mi labor como comunicadora-corredora de propiedades patrimoniales. Pero si aparece un mecenas, la compra y la convierte en un centro cultural y me nombra directora para que organice las muestras y eventos… No me enojo. ¿Algún interesado?
Add comment October 18, 2004
