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prueba

Add comment October 31, 2006

Un año interconectada

Gracias a la sugerencia del Tuco y la paciencia de Felipe, a mediados de 2004 nació este espacio donde, en forma semanal, me propuse plasmar ideas mezcladas con algunas cosas que pasan frente a mis ojos. Desde entonces, con más frecuencia de la habitual, mi vida comenzó a tejerse de coincidencias y cruces hermosos y raros.

sopa.jpg

Conocí a Roberto Arancibia, quien para mí y muchos otros es el padre de los bloggeros chilenos, y además resultó ser amigo de infancia de mi padre y mis tías. Un comunicador hiperactivo que nos reúne y nos incentiva “sin querer queriendo” a crear a partir de nuestras experiencias. Desde entonces han pasado muchas cosas y me he reencontrado y conocido real y virtualmente a muchas personas.

La retroalimentación que he recibo es un tema aparte. Uno de los hechos que más me conmovió fueron los mensajes de Armando, quien vive en Estados Unidos y, durante sus años en Chile conoció a Bernardo Baytelman, el Beco, mi abuelo paterno. El Beco era un ser mágico y luminoso, que marcó la vida de mucha gente. Murió muy joven, a los cincuenta y tantos en el exilio, en México. Mis recuerdos se confunden en la memoria de los otros, como la de Armando, a quien mi abuelo ayudó durante un incidente antisemita que ocurrió en Santiago hace más 40 años.

También son muchos los que han llegado al blog porque estudiaron en el Latinoamericano de Integración, o tienen alguna afinidad con este colegio que marcó una parte importante de lo que soy y que ha inspirado varios de los escritos que habitan este lugar.

El mundo del blog me llevó a conocer personalmente y tras una cuota preocupante de casualidades a Agnes, quien tiene un parecido onírico con mi madre, lo que supongo se relaciona con sus genes rusos. En lo virtual no puedo dejar de mencionar a Ceci, mi amiga y colega que está en Vancouver, con quien compartimos una forma muy parecida de mirar y contar las cosas, aunque sé que en la vida real ella es mucho más tímida que yo, y en lo profesional, más matea.

Como algo curioso, puedo citar que hace poco me escribió Nibaldo, creador de zurdos.cl, pidiéndome que le explicara cómo les enseñé a mis hermanos a tejer. Asimismo, recibí un comentario de agradecimiento de Rolando Báez, curador del Museo La Merced, con quien nos juntamos a tomar un café y también estamos tejiendo una amistad con lana colorinche de gustos e intereses en común.

El blog tampoco ha estado exento de polémica, como la que viví junto a Roberto, por una señora italiana hija del pintor Ottorino Mancioli, que creyó que estábamos ofendiendo a su padre, cuando la idea era destacar su obra. Caso aparte fue Sara, quien apasionadamente me conminó a escribir sobre temas verdaderamente importantes, como los que le dolían y le duelen a ese Chile que ella conoce desde su vida en Nueva York.

Para seguir con las conexiones, está Ewa Kulak, quien por estos días está en Polonia presentando el libro que compila algunos de sus escritos. Siento por ella una admiración cyber-cultural-literaria, por la bella forma en que transmite la y las culturas que la rodean, más allá de muchas fronteras. Fue muy emocionante cuando destacó mi blog en su sitio web, todo un honor viniendo de esta polaca tan patiperra (traducción: buena para recorrer el mundo). También ha sido increible tener en Chile y en mi casa a su cuñano Lizardo y a la encantadora Silvia.

Además de todo esto, el blog sirvió de vitrina para que me ofrecieran escribir una columna mensual sobre temas principalmente urbanos en el Revista Santiago Entretenido, espacio donde he escrito sobre la Plaza de Armas, la Feria de Artesanía de los Publos Indígenas en el Cerro Santa Lucía, la Confitería Torres, el Tren del Vino, el Museo de La Merced, la Bienal de Sao Paulo en el Mac, el Palacio Cousiño y la Plaza Las Lilas.

Add comment June 20, 2005

Otoño por la ventana

Me dormí con las cortinas abiertas de par en par y la televisión encendida. En mitad de la noche cuando desperté buscando el control remoto para apagarla, una imagen se filtró por el rabillo de mi ojo. Como un fantasma, como esas cosas que no deben estar allí, pero están.

Miré por la ventana y no vi nada extraño, sólo un viento muy fuerte que movía la copa de los árboles y el ruido de la lluvia contra el techo de los edificios cercanos.

Entonces empezó nuevamente. Como murciélagos en la noche las hojas de los árboles comenzaron a bailar en el aire, subiendo y dando giros hacia el cielo, ignorando la gravedad. Venían desde lejos a jugar en mi ventana y pude verlas allí, mágicas, haciendo un mundo al revés con una danza de otoño, que viví como un sueño sentada en la orilla de la cama mientras tú dormías a mi lado.

Add comment June 13, 2005

Intimista

lana.jpgVolví a tejer. Este fue un fin de semana de familia, de afectos, de emotividad. Creo que nuevamente estoy un poco cansada, con más ganas de que las cosas pasen, que de hacer cosas.

Vi en el programa “Frutos del País” a una pareja que vive hace algunos años en Algarrobo. Esa fue su opción una vez que los hijos estuvieron grandes y pudieron dedicarse a disfrutar. Ella hace trabajos de quilt y patchwork y él realiza encuadernaciones manuales. Y así me siento, con ganas de ver los árboles moverse con el viento, tengo deseos de sentarme tardes enteras a tejer, a sentir la lluvia contra los techos de los edificios cercanos.

La banda sonora de mi vida huele a jazz, a John Coltrane, a humo de chimenea, aunque no haya una en mi casa. Puede ser la lluvia, el frío o las sopaipillas pasadas con chancaca, no lo sé. Sólo sé que se siente rico y calientito cuando la lana pasa por mis dedos y lo único que importa es el próximo punto que voy a tejer.

Add comment May 23, 2005

Esta es mi calle

apuma.jpgAlgunas semanas atrás, un “casi” periodista chileno que tiene un blog y recibe decenas de comentarios, comenzó a recibir textos que se referían a él en forma negativa, despotricando contra él y también contra su labor en los medios. El bloggero en cuestión no sólo borró el post de la discordia, sino que además eliminó por un tiempo la posibilidad de que sus visitantes comentaran.

Pues bien, yo no haré eso, porque me gusta escuchar lo que piensa la gente, en especial si argumenta sus dichos, porque ésta, señoras y señores, es una calle democrática, donde todas las voces son bienvenidas. (Por lo menos hasta ahora. Muchos llevamos un pequeño dictador dentro. Lo siento).

Hace casi un año comencé a escribir en mi blog y hoy recibí el primer comentario negativo a mis palabras, a este espacio donde no he pretendido hacer periodismo, sino contar a mis amigos, familiares y a otras personas que me visitan, algunas cosas que pasan en mi vida, que entran por mis ojos y que en algunos aspectos me llaman la atención.

La mujer que me escribió un extenso y ácido comentario se llama Sara, vive en NY City y no hemos tenido el gusto ni el disgusto de conocernos.

A Sara puedo contarle que vengo de una familia de clase media, que tuve la oportunidad de cruzar las fronteras de Chile gracias a varios viajes que hice con mis abuelos, que vivo más abajo de la Plaza Italia y que creo tener un fuerte compromiso social, tema del cual no escribo, porque para preocuparse de nuestros pares no se necesita decir cosas, sino hacerlas. Sobre esto último, agradezco a mis padres quienes inculcaron en mí la solidaridad como uno de los valores que me mueven en la vida.

Claramente lo mío no es el periodismo de denuncia. Coincido en eso con ella. Tampoco lo que escribo en mi blog es periodismo. El periodismo que ejerzo tiene que ver principalmente con dos áreas, por un lado con temas científicos y médicos, lo que practico cada día en horario de oficina, y, por otro, con temas culturales, aspecto en el que leo, investigo y escribo sobre arte, museos y panoramas.

Así como yo respeto la diversidad, espero que se me permita ser como quiero ser y entregar un poco de alegría en un mundo que tiene más de brutal que de bello. Está claro que no lo veo ni lo digo todo, pero eso no quiere decir que no sepa de las injusticias, del dolor y de la miseria que viven muchas personas. Sobre eso, no me cabe duda que hay grandes pensadores que pueden, quieren y deben mostrar lo que ven sus ojos.

Me permito también agradecer a Sara por ponerle un poco de pimienta a este espacio. Estoy segura de que los que me conocen podrán decirle que varias de sus críticas no tienen fundamento, que es fácil opinar y ser consecuente desde fuera, desde lejos, desde el Primer Mundo, desde Nueva York, y que todos, todos tenemos derecho a ser distintos, a hacer y decir cosas que van más allá de las denuncias, pues aunque insisto en que mi blog no es periodístico, la labor de un periodista no está sólo en denunciar.

Quiero contarle a Sara (quien vive allá tan lejos) que Chile no es ni volverá a ser el de antes; que el mundo cambia y las generaciones también lo hacen; que su hijo y yo tenemos todo el derecho a ser distintos, a ser más pragmáticos, en parte, porque muchos de los bellos ideales que tuvieron nuestros padres fracasaron y porque tratamos de cambiar el mundo desde nosotros mismos, desde nuestras propias vidas. Eso no significa que seamos inconsecuentes, ni que no tengamos sueños. Sólo somos diferentes y entender eso también pasa por un ejercicio de tolerancia.

Por último, no creo ser una gran periodista aún y no sé si algún día lo seré. Pero sí estoy segura de ser una buena persona, una mujer contenta, que trata de trasmitir eso a otros, de hacer felices a quienes la rodean. No nací para impulsar grandes procesos sociales de cambio, pero sí admiro a quienes los hacen. Me encantaría saber qué hizo Sara para cambiar el mundo y qué hace hoy para mejorar en algo la situación de tantas personas que sufren en Chile, mí país, del que ella está muy, pero muy lejos.

Add comment April 30, 2005

Velas en el Latino

velas.jpgVarias veces he dicho que mi memoria es muy frágil. Recuerdo detalles y fragmentos, pero nunca hechos completamente articulados.

De esa mañana tengo grabado el sonido amenazante de un helicóptero, tal vez eran varios. No lo sé. También recuerdo ruido de autos y balas y, aunque sé que no lo vi, recuerdo al Tío Leo corriendo, angustiado, golpeado y herido, tratando de impedirlo.

Yo estuve ahí, a sólo 100 metros de donde fueron secuestrados. Estaba en el Latino de los Chicos, en Las Violetas. Tenía 8 años. Tercero Básico. Segundo piso con vista al patio, a la cancha de baby fútbol con sus murales, esos que nosotros mismos pintamos.

Lo que si recuerdo muy bien es la pena, el espanto del hallazgo de los cuerpos cerca del aeropuerto, los aniversarios, las velas. Muchas velas y un dolor mudo que sigue hasta hoy.

Es duro que algo así pase en tu colegio, es duro e injusto que un profesor y un papá mueran así, pero sin duda es más duro para los hijos, para sus parejas, para los colegas, para todos los que estaban en El Vergel ese día.

Hoy se cumplen 20 años e iremos a recordar, a romper la fragilidad de la memoria y una vez más habrá velas, cientos de velas, allí en mi colegio, donde fui niña y donde fui feliz, pero también donde conocí el dolor… el dolor ciego, sordo y mudo de esos años.

*Con cariño para Santiago Nattino, José Manuel Parada y Manuel Guerrero, para sus familias, para sus amigos y para todos los que llevamos el alma del Latino en el corazón.

Entrevista de LUN a Estela Ortiz de Parada

Add comment March 29, 2005

Terremoto del ‘85

terremoto1.jpgYo tenía sólo ocho años. Estaba viendo televisión. Una película de piratas, creo. Todo comenzó a moverse, la tele cayó al suelo y explotó. Tengo la sensación de haber bajado las escaleras volando, tomada de la mano de mi nana Marina. Mi mamá llegó al rato con la mamá de mi amiga Trini, la María Paz, que estaba muy nerviosa. La noche fue como un pijama party, porque dormimos todos en saco en el primer piso, en el living. Allí sentimos las réplicas nocturnas, con mucho miedo, pero también con gran emoción. Tiempo después supe que mis primas lo pasaron en el metro y que mi papá iba en auto. Siempre es un tema, sobre todo si hay extranjeros que nunca han sentido uno así de fuerte. Da mucho miedo, pero uno se siente un poco heróico por el hecho de tener un terremoto en el cuerpo.

¿Y usted, dónde estaba el 3 de marzo de 1985?

Add comment March 3, 2005

El tema sigue ahí

mar1.jpg

Aunque intente no pensar en ello, el tema de la muerte sigue ahí, siempre latiendo en todas partes, porque es tan fuerte como la vida y es parte de ella.

Lo único que me queda por hacer entonces es desear que no pase pronto. Ni para mí, ni para los que quiero, ni para nadie que disfrute de su existencia y haga un poco mejor la vida de los demás, la vida en este mundo.

Todo esto partió por un post de Petra que inspiró a Roberto y un post de Roberto que me inspiró a mí y nos vuelve a todos hacia el misterio, hacia el vacío, el susto, la esperanza o la pena.

Petra, la erudita Petra de reflexiones lúdicas y profundas, un día navegando por los mares de la red conoció el blog de Juan Vergescott, que resultó ser José Luis de la Fuente, catedrático en Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Valladolid. Petra se “enamoró” de su escritura impecable y, al poco tiempo, establecieron una relación virtual. Juan sigue ahí. Juan y todos los otros escritos de José Luis, pero José Luis murió hace algo más de un mes a los 40 años.

Roberto, mi tío-amigo-gurú bloggero, inspirado en Petra se pregunta que sucederá con “todo esto” cuando ya no estemos. Atendiendo a sus preocupaciones sobre el tema de las llaves, para su tranquilidad y por si sirviera de algo, les cuento que hay una copia en manos de mi hermano Felipe, que volvió sano y bello de Japón y que es amo y dueño del dominio que me aloja. Supongo que él sabría si merece la pena rescatar algo de todo esto, intervenirlo o cerrar la puerta para siempre.

Como le dije a Roberto y vuelvo a reiterar, sólo espero que eso no pase pronto, porque querámoslo o no a todos nos va a ocurrir, tarde o temprano. Yo simplemente trato de no pensar en eso, porque pensarlo me perturba demasiado.

En mi familia hay una fuerte carga genética referente al Alzheimer. Siempre fui la regalona de mi abuelita Nena, la luz de sus ojos, como ella solía decir. Hace más de 10 años cuando se enfermó y vi que poco a poco me iba olvidando y cómo ella sufría (espero y creo que ya no sufre tanto) le dije a mi papá que ya no quería saber ni aprender nada más, porque todo algún día se me iba a olvidar, incluso lo más querido, así que no tenía ningún sentido seguir aprendiendo.

Él (sabio el Gadi) me dijo que si fuera por eso, nada de lo que uno hacía valía la pena porque de todas formas uno se iba a morir, varios de nosotros tal vez mucho antes de olvidarlo todo. Sentí que tenía razón. Mucha y toda la razón.

Desde entonces ya no pienso en eso o trato de no hacerlo. Desde entonces soy más hedonista y trato de disfrutar al máximo de cada cosa y cada minuto. Y hablo de las cosas más simples. Una sopa calientita en el invierno, un helado de cono en el verano, ver las hojas moviéndose en las copas de los árboles, sentir un beso en el cuello, abrazar a mi amado, mirar a mi mamá y a mis hermanos, una sonrisa en la cara de mi padre (afeitado y todo), una linda película, escuchar a mis cantantes favoritas, dormir, mirar el mundo, las luces de la ciudad o las estrellas en el cielo, ver el amanecer en un lago, la puesta de sol en el mar, escuchar el sonido de las olas, conversar con amigos, comer castañas, sentir la lluvia, sentir el viento, sentir el sol. Amar.

Supongo que todo eso que siento, quiero y amo algún día no estará más. Por eso lo disfruto ahora. No sé que pasará después. No sé si me importe cuando ya no esté. Lo único que tengo claro y que me interesa, es que si hay algo por rescatar, si hay algo que merezca quedar, espero que sean cosas que den a otros más alegría y vida… los mismos ingredientes que me permiten ser feliz.

Add comment February 22, 2005

El tema sigue ahí

Add comment February 22, 2005

Del Latino con amor

palomacolegio.jpgSalí del colegio hace 10 años. Sí, es fuerte. No, no me digan que aún soy joven y todo eso, pues cumplir 10 años de algo, de lo que sea, es bastante y obliga a mirar hacia atrás, hacer recuentos, sacar nostalgias del cajón y mucho, mucho más.

Aunque cursé los tres últimos años de la enseñanza media en el Colegio Francisco de Miranda, donde hice grandes amigos, la mayoría de mis recuerdos añorados tiene relación con los 11 años que estuve en el Colegio Latinoamericano de Integración. Desde pre kinder hasta I medio. Una vida.

“Aquí estamos cantando y buscando la luz que siempre nos ha de guiar, con la frente en alto y sin desmayar, no tememos a la adversidad…” Creo que así empezaba el himno del colegio. Pero ese es sólo uno de los miles de retazos que tengo en mi mente.

Estuve ordenando y encontré fotos, cuadernos y el anuario de octavo básico… “Paloma Baytelman… amor platónico: Tom Cruise (perdón, era la época). Frase típica: Yo creo que, yo opino que. Regalo útil: un micrófono”. Las cosas no cambian, soy consecuente de nacimiento. Nací con mi estilo.

La tía Isabel y el Pelao eran mis ídolos. Mis amigas, la Trini, la Piti, la Maca Mallol, la Sole, la Tamara. En realidad el curso entero era una familia muy unida. Me acuerdo de los paseos al Manzano, las kermeses, el pepito paga doble, el tío Pedro Aceituno, mis nulas aptitudes para la gimnasia, cuando descubrimos los besos jugando al semáforo y “al cortado”, los “10 o 20 pesitos” de la tía Isabel y sus clásicos “ a corazón abierto” con los que nos hacía confesar lo más inconfesable. Como Pablo Antonio, cuando en 6° contó que yo le gustaba un poco y yo había muerto de amor por el en 4°, pero ya era muy tarde, para entonces me gustaba Benjamín. Sí, siempre fui enamoradiza. Traía el corazón gordito de fábrica.

colegio2.jpg

Tengo un amor y una nostalgia tan grande por todos, que comencé un intento para organizar el clásico encuentro de los 10 años, aunque yo no haya egresado del Latino.

La Sole Poirot, que está viviendo en España, mandó las fotos que inspiraron este post (en ambas yo soy la que sale más hacia la derecha). Mucha gente pasó por ese curso, pero hay algunos que fueron como hermanos para mí y de los que no he logrado conseguir sus datos: Álvaro Cahn, Nicolás Ferraro, Pablo Martínez, Tere Ramírez, Carolina Silva y Gonzalo Yavar.

Espero que podamos ubicarlos. La idea es hacer algo la segunda quincena de diciembre, aunque hay varios que no podrán venir porque están lejos. En fin. Con esto doy por inaugurada una etapa de recuerdos. Aunque continuaré recomendando panoramas y contando mis experiencias, en mis próximos escritos reviviré algunos episodios de estos últimos 10 años, donde les aseguro que me han pasado muchas, pero muchas cosas.

Add comment November 15, 2004

Encuentro en la estación

chris.jpgHoy murió Christopher Reeve. Yo lo conocí.

He escrito y contado muchas veces esta historia y seguramente hoy no tendrá tanta gracia como en oportunidades anteriores, pero haré “my best try”, como dicen los gringos.

A principios de 1994 me encontraba viviendo en Pikesville, un pequeño pueblo cercano a la ciudad de Baltimore, a una o dos horas de Washington D.C. Me había armado un auto intercambio estudiantil: me fui a vivir a la casa de mi tío Daniel e iba al Pikesville High School. Toda una experiencia.

Cada viernes después del colegio partía a Baltimore, allí compraba un “round-trip ticket”* y tomaba el tren a Washington D.C., ciudad donde vivía una de mis mejores amigas, Trini La Memoriosa.

Allí pasaba los fines semana, salíamos a pasear por Georgetown, veíamos el río congelado y visitábamos otras partes de la ciudad. Los domingos volvía a la Union Station a esperar el último tren de regreso a casa, siempre con mucha anticipación, pues las primeras veces perdí el tren y me tuve que quedar donde la Trini hasta el día siguiente.

En eso estaba una lluviosa tarde de febrero… sentada esperando. Comencé a mirar una larga fila de gente que se había acumulado para comprar un ticket quién sabe a dónde… la espera estaba muy lenta, pues la fila casi no avanzaba.

Entonces lo vi. Era uno de los últimos. Estuve contemplando mucho rato, para asegurarme de que era él. Mi ídolo de la infancia y la adolescencia. El hombre perfecto y bello de “Pídele al tiempo que vuelva” y “Súperman”. No estaba segura, porque tenía su pelo rubio y un poco canoso y estaba vestido de forma muy sencilla: unos jeans beige claros, botas de agua hasta la rodilla y una parka azul.

Seis años antes Christopher Reeve vino a Chile para entregar su apoyo en una serie de actos que fueron organizados, bajo el lema de “Artistas por la Democracia”. Creo que él en esa oportunidad había estado muy cercano a mi tía Shlomit. Incluso, aunque yo tenía sólo 12 años, ella me llamó para invitarme a una fiesta, en la que iba a participar. Yo quería conocerlo sí o sí. Pero a esa edad, uno propone y mamá dispone. Ante toda una semana con amigdalitis y temperatura superior a los 39º grados, la respuesta de mi madre fue una negativa rotunda.

Pero ahí estaba yo, en la estación y a cada minuto más segura. Sí era él. Esta era mi segunda oportunidad en la vida para conocerlo y no la iba a desaprovechar. Entonces puse en marcha mi lema de vida. (“No hay nada peor que arrepentirse de algo que no se hizo”), tomé mi mochila, caminé hasta la fila, me detuve a su lado y le toqué el brazo.

- Disculpe, puedo hacerle una pregunta – Le dije en mi aún chapurreado inglés.
- Por supuesto – respondió, de forma amable y encantadora.
- ¿Cuál es su nombre?
- Chris ¿Por qué?
- ¿Es usted Christopher Reeve?
- Sí.

Temblaba entera, no lo podía creer. Pensé en Luisa Lane, en la mirada de Rayos X, en su fuerza, en Krypton.

Finalmente continué hablándole. Me presenté, le dije que era de Chile y que era sobrina de Shlomit, a ver si se acordaba de su viaje a nuestro país. Él me dijo que la recordaba perfectamente, que atesoraba muchos recuerdos de ese viaje y comenzó a preguntarme muchas cosas, muchas más cosas él a mí, que yo a él. Mientras la fila seguía avanzando muy lentamente, él quiso saber de mi auto intercambio, sobre mi familia en Estados Unidos y en Chile, sobre mi experiencia en el colegio de Pikesvile. Él me contó que iba a la casa de unos amigos en Conneticut, de su visita a Washington y algunas cosas más que ya no recuerdo.

Después de largos minutos de conversación, la fila comenzó a avanzar, decidí despedirme y volver al asiento frente a mi andén.

“Adiós”, me dijo en su también chapuerreado español, mientras me alejaba. Good Bye, le respondí.

De pronto me detuve. Nadie me iba a creer, yo conversando con Súperman, como viejos amigos en una estación de trenes en un día lluvioso. Abrí mi mochila y busqué afanosamente algo, algún papel, un lápiz. Y volví a la fila, con mi aguaguada libreta de Snoopy en la mano. No sabía cómo se decía en inglés, pero intenté explicarle que quería un autógrafo, con mucha vergüenza, por cierto, hasta que finalmente me puso algo así como: “To Paloma, with love Chris”.

En mayo del año siguiente, supe de su accidente y cada que vez que lo veía, recordaba al hombre encantador, que aprovechó una larga espera en una estación, para hablar con una joven, como si fuera más que una admiradora, como si fuera una verdadera amiga y regalarme una de las historias más lindas de mi vida. Gracias Clark.

* Pasaje de ida y vuelta

2 comments October 11, 2004

Familia televisiva

Se supone que la “tevita” de la familia siempre he sido yo, pero los últimos meses he notado la fuerte influencia mediática que la televisión tiene sobre mis hermanos y mi mamá.

El otro día, los protagonistas de la teleserie “Destinos Cruzados” comían sushi sobre el capó de un auto. “Palomi… con los chicos nos antojamos de comer suhi… ¿sabes donde podemos comprar por teléfono?”, dijo mi madre.

Hoy estoy de cumpleaños. 28 el 28.

Al igual como se celebraban los cumpleaños de los hermanos Mercader en la teleserie “Machos”, desde el año pasado en la casa de mi madre, todos los integrantes de la familia despiertan al cumpleañero con torta en mano y canto digno de los Von Trapp.

Así desperté esta mañana, aunque mi humor no era el más adecuado, pues dormí llena de dolores y achaques propios del envejecimiento (ja). Sólo después me emocioné, cuando me contaron que estaban desde las seis de la mañana tratando de prender las velas, pues se les apagaban por los ataques de risa.

Es linda mi familia.

En la mañana nos vinimos en el auto con mi mamá y le preguntamos de cuando yo nací, de cuando era chica. Ella nos contó del parto, no sabían mi sexo y si hubiera sido hombre, me hubieran puesto Pablo o Diego. Dice la Miry que yo era una guagua muy simpática, pero en la tarde me ponía a llorar y lloraba y lloraba, hasta que me sacaban a dar vueltas en auto para que me quedara dormida. Era tan linda (según mi madre) que ella tenía mucho miedo de que me robaran. “Ibamos por la calle y tú saludabas a todo el mundo, a tus admiradores”.

“Y ¿cuál fue la primera palabra que dije”, pregunté…
Mi mamá se quedó pensando y respondió… “La primera palabra que dijiste fue Hola”.

No dije mamá ni papá, nací saludando al mundo.

Ahora entiendo muchas cosas.

Add comment September 28, 2004


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