Del Latino con amor

palomacolegio.jpgSalí del colegio hace 10 años. Sí, es fuerte. No, no me digan que aún soy joven y todo eso, pues cumplir 10 años de algo, de lo que sea, es bastante y obliga a mirar hacia atrás, hacer recuentos, sacar nostalgias del cajón y mucho, mucho más.

Aunque cursé los tres últimos años de la enseñanza media en el Colegio Francisco de Miranda, donde hice grandes amigos, la mayoría de mis recuerdos añorados tiene relación con los 11 años que estuve en el Colegio Latinoamericano de Integración. Desde pre kinder hasta I medio. Una vida.

“Aquí estamos cantando y buscando la luz que siempre nos ha de guiar, con la frente en alto y sin desmayar, no tememos a la adversidad…” Creo que así empezaba el himno del colegio. Pero ese es sólo uno de los miles de retazos que tengo en mi mente.

Estuve ordenando y encontré fotos, cuadernos y el anuario de octavo básico… “Paloma Baytelman… amor platónico: Tom Cruise (perdón, era la época). Frase típica: Yo creo que, yo opino que. Regalo útil: un micrófono”. Las cosas no cambian, soy consecuente de nacimiento. Nací con mi estilo.

La tía Isabel y el Pelao eran mis ídolos. Mis amigas, la Trini, la Piti, la Maca Mallol, la Sole, la Tamara. En realidad el curso entero era una familia muy unida. Me acuerdo de los paseos al Manzano, las kermeses, el pepito paga doble, el tío Pedro Aceituno, mis nulas aptitudes para la gimnasia, cuando descubrimos los besos jugando al semáforo y “al cortado”, los “10 o 20 pesitos” de la tía Isabel y sus clásicos “ a corazón abierto” con los que nos hacía confesar lo más inconfesable. Como Pablo Antonio, cuando en 6° contó que yo le gustaba un poco y yo había muerto de amor por el en 4°, pero ya era muy tarde, para entonces me gustaba Benjamín. Sí, siempre fui enamoradiza. Traía el corazón gordito de fábrica.

colegio2.jpg

Tengo un amor y una nostalgia tan grande por todos, que comencé un intento para organizar el clásico encuentro de los 10 años, aunque yo no haya egresado del Latino.

La Sole Poirot, que está viviendo en España, mandó las fotos que inspiraron este post (en ambas yo soy la que sale más hacia la derecha). Mucha gente pasó por ese curso, pero hay algunos que fueron como hermanos para mí y de los que no he logrado conseguir sus datos: Álvaro Cahn, Nicolás Ferraro, Pablo Martínez, Tere Ramírez, Carolina Silva y Gonzalo Yavar.

Espero que podamos ubicarlos. La idea es hacer algo la segunda quincena de diciembre, aunque hay varios que no podrán venir porque están lejos. En fin. Con esto doy por inaugurada una etapa de recuerdos. Aunque continuaré recomendando panoramas y contando mis experiencias, en mis próximos escritos reviviré algunos episodios de estos últimos 10 años, donde les aseguro que me han pasado muchas, pero muchas cosas.

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¿Y usted ya votó?

urna.jpgCon el calor que suele caracterizar los días de elecciones, ahí estaba yo, sentada en la cuneta afuera de una farmacia en Tomás Moro con Bilbao.

- ¿Y usted ya votó? – me preguntó un dependiente de la tienda con la franca intención de ayudarme.
- No – Respondí.

En efecto no había votado, porque al llegar al que tradicionalmente había sido mi local de votación, me encontré con que este ya no existía. Más bien dicho, ese colegio ya no era una sede electoral.

Siempre había ido al mismo lugar, al mismo gimnasio, a la misma mesa y a la misma hora. Incluso podría asegurar que en varias oportunidades estaban las mismas vocales de mesa y me topé con la misma gente en la fila. Por eso me pareció tan raro que no hubiera autos sobre las veredas, ni heladeros ofreciendo a viva voz sus bebidas frías. Sólo atiné cuando casi llegando a la puerta del colegio me detuve en un kiosco a comprar una bebida y me informaron sobre mi error.

Ahí estaba yo, con el celular descargado, esperando algunos minutos para llamar nuevamente a mi madre y que ella me dijera en qué lugar de la comuna de La Reina me tocaba votar. Entonces me puse a pensar en lo mucho que me gustan los días de elecciones: ver a la gente en la calle. Padres con hijos, ricos y pobres, gordos y flacos, lindas y feas. Todo el mundo, o casi todo el mundo, va con o sin gusto a votar. Lindo.

Finalmente llegué al Colegio Teresiano que queda en Américo Vespucio, por donde yo ya había pasado dos horas antes en la micro con destino y mi clásico pero herrado destino.

Una vez en el lugar, cuando logré orientarme, vi que todas las mesas tenían filas que daban para largas esperas… Menos mi mesa (Por fin algo que coincidía con mi acostumbrada realidad electoral). Sólo había un par de personas antes que yo y unas vocales que me parecieron conocidas y amigables.

Les comencé a contar mi historia. De lo muy perdida que andaba. Me dijeron que mucha gente había llegado al local antiguo. Entonces intervino la mujer que esperaba para votar antes que yo.

- Hace semanas que hay un tremendo cartel afuera del “colegio”, del Saint John Villa Academy, que dice muy claro que ya no es más sede electoral- me dijo con prepotencia y una papa en la boca.

- Mira linda, hace tres meses que no vivo ni paso por La Reina (mentira) y desde la última elección que no voy a “el colegio”- Le respondí picada, con una papa más grande en la boca, imitando su tono de pituca renovada.

Después entregué mi carnet de identidad, firmé el registro, entré al “cuarto oscuro”, marqué a mis candidatos(as) para alcalde y concejal, con mucho esfuerzo logre doblar los votos, salí, los deposité en las urnas respectivas y manché mi dedo con tinta azul. Todo un acto ciudadano.

Ayer en las noticias hablaban sobre el voto electrónico que ya se utiliza en buena parte de América Latina. A mí me gusta el sistema a la antigua, en el que uno puede perderse de local, reencontrarse, saludar a las vocales, pelear con alguien en la fila y todo aquello.

¿Qué por quién voté?… Pues bien, el voto señores… es secreto. ¡Viva Chile!

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Museo la Merced

museolamerced1.jpgEl sábado llegué hasta el Museo de la Merced, para asistir a la visita guiada que recomendé en un post anterior.

Realmente es muy satisfactorio presenciar un trabajo tan bien hecho. No sólo la visita fue maravillosa, sino además me encontré con que la restauración del museo fue hecha con gran pulcritud y un estilo excepcional.

Quiero detenerme para explicar que la Museografía es el área que dice relación con la teoría y práctica de la instalación de museos y abarca aspectos tales como los requerimientos técnicos, funcionales y espaciales, la circulación de los visitantes y la conservación del material exhibido. Asimismo, se ocupa de la forma estética en que son presentados los objetos, para un mejor aprovechamiento de la transmisión del mensaje de cada obra.

Pues bien, la museografía que consideró la restauración del recinto es excepcional: cada sala posee un trabajo de reconstrucción y rescate de la estructura original del recinto, a la vez que juega con elementos de la arquitectura e interiorismo modernos; para cada una de ellas también se cuenta con iluminación especialmente trabajada para las obras que allí se exhiben y música acorde con la muestra de la sala.

Sin contar el espacio donde se expone parte de la colección pascuense, el programa del museo considera tres salas. La primera de ellas da cuenta de la creación de la orden y la llegada de los Mercedarios a América, la segunda está dedicada a la Virgen de la Merced y su representación en el mestizaje artístico, mientras que la tercera exhibe una singular colección de fanales decorativos con imágenes del Niño Jesús.

El guía nos mostró además el descanso de la escalera, donde hay representaciones de cristos en la cruz y santos, en tallas completas e imágenes de vestir; una galería con retratos de los Reyes de Israel y la Basílica de La Merced, donde se encuentra uno de los púlpitos coloniales más importantes de Chile. Tallado con figuras alegóricas de los evangelistas (el águila, el toro, el ángel y el león) la pieza del Siglo XVIII se atribuye al tallador Jorge Lanz. Una verdadera joya que vale la pena ver.

Si bien el museo se puede visitar en forma gratuita de martes a sábado, la visita guiada es una gran oportunidad, más todavía considerando que los guías son personas muy instruidas en el ámbito del arte colonial. La última oportunidad es este sábado 30 de octubre a las 11 de la mañana… el valor, sólo mil pesos. Tampoco puedo dejar de mencionar el pequeño jardín encantado y su bello café.

Add comment October 25, 2004

Se vende este monumento

casadiez.jpgBajando por la calle Tarapacá en dirección al poniente, todas las mañanas en el cruce con Santa Rosa, llamaba mi atención una casona roja de aspecto colonial. Es la Casa de los Diez. Eso era todo lo que sabía, hasta que en su fachada vi un gran cartel que dice “Se Vende”.

Me preocupé, porque en mi época universitaria veía como unas cuadras más abajo, en el barrio Ejército, se demolían viviendas de principios del Siglo XX de gran influencia francesa, que daban un estilo inconfundible a la zona. Las botaban para repoblar el centro de Santiago. La renovación urbana me parece una buena iniciativa, pero sólo cuando se practica con criterio, lo que no era el caso.

Comencé a investigar, hice algunas llamadas telefónicas, un poco de navegación y me encontré con datos muy interesantes.

Cabe destacar que pese a la loable labor de un puñado de arquitectos, artistas y otros profesionales, Chile es uno de los países de la región que menos resguardo ha tenido de su patrimonio arquitectónico, hecho del que se salvan unas pocas construcciones que por su valor arquitectónico, histórico o cultural, han sido designadas como monumentos y no pueden sufrir grandes modificaciones estilísticas ni estructurales.

Pues bien, la Casa de los Diez es monumento y no la pueden botar. Averigüé y efectivamente es posible su venta, pues la propiedad pertenece a un privado, también me contaron que cuando se vende un monumento la primera opción de compara la tiene el Estado. ¿Qué ocurre? El Estado no tiene dinero para comprarla, así es que no le interesa. Sigue a la venta.

Asimismo me di cuenta de mi error, esta no es una construcción de la época de la Colonia, sino que fue hecha mucho después (en 1850), corresponde al estilo Neo Colonial y a principios del Siglo XIX fue remodelada.

Un poco de historia. En 1916 un conjunto de intelectuales se autodenominó Grupo X y como Douglas Coupland aún no pensaba en nacer, muchos no entendieron que se referían al símbolo que grafica las incógnitas matemáticas, a la equis, y pensaron que era un número romano, por lo que los llamaron el Grupo de los Diez. Tampoco coincidía con la cantidad de integrantes pues eran 11. Sí, 11 de los más connotados artistas e intelectuales de la época, que encontraron en esa casa su lugar de reunión.

Esta hermandad estaba integrada por Juan Francisco González (pintor, 1853-1933), Manuel Magallanes Moure (poeta, 1878-1924), Julio Bertrand Vidal (arquitecto, 1887-1918), Pedro Prado (arquitecto, 1886-1952), Alberto Ried (1884-1965), Armando Donoso (crítico literario, 1886-1946), Acario Cotapos (1889-1969), Alberto García Guerrero (músico, 1886-1974), Ernesto Guzmán (poeta, 1877-1960), Eduardo Barrios (escritor, 1880-1950) y Augusto D´Almar (escritor, 1880-1950).

Arquitectura. La Casa de los Diez sigue la distribución propia de las construcciones coloniales, con un esquema de tres patios, corredores y un gran portón al centro de la fachada. Durante 1924, Fernando Tupper, arquitecto muy ligado al grupo, proyectó la remodelación de esta antigua casa de su propiedad, para que sirviera de lugar de reunión al colectivo, tarea en la que participaron todos sus integrantes. La torre de 19 metros de altura fue diseñada por el arquitecto alemán Rodolfo Brünning; Alberto Ried esculpió uno a uno los capiteles de diez columnas que rodean el patio románico; Julio Ortiz de Zárate intervino el pórtico y la puerta de cedro y Pedro Prado diseñó en hierro forjado la reja que enfrenta la calle.

Aunque según los entendidos en la materia, la Casa de los Diez no tiene un gran peso desde el punto de vista de la arquitectura, su valor histórico y cultural la llevaron a ser declarada Edificio de Conservación Histórica en 1997, de acuerdo con la Ley General de Urbanismo y Construcciones.

Pues bien, tenemos aquí una magnífica propiedad que continúa a la venta (1110 metros cuadrados en pleno centro de la capital, por la módica suma de $600 millones de pesos o un millón de dólares). Cabe señalar que no cobro comisión por mi labor como comunicadora-corredora de propiedades patrimoniales. Pero si aparece un mecenas, la compra y la convierte en un centro cultural y me nombra directora para que organice las muestras y eventos… No me enojo. ¿Algún interesado?

Add comment October 18, 2004

Encuentro en la estación

chris.jpgHoy murió Christopher Reeve. Yo lo conocí.

He escrito y contado muchas veces esta historia y seguramente hoy no tendrá tanta gracia como en oportunidades anteriores, pero haré “my best try”, como dicen los gringos.

A principios de 1994 me encontraba viviendo en Pikesville, un pequeño pueblo cercano a la ciudad de Baltimore, a una o dos horas de Washington D.C. Me había armado un auto intercambio estudiantil: me fui a vivir a la casa de mi tío Daniel e iba al Pikesville High School. Toda una experiencia.

Cada viernes después del colegio partía a Baltimore, allí compraba un “round-trip ticket”* y tomaba el tren a Washington D.C., ciudad donde vivía una de mis mejores amigas, Trini La Memoriosa.

Allí pasaba los fines semana, salíamos a pasear por Georgetown, veíamos el río congelado y visitábamos otras partes de la ciudad. Los domingos volvía a la Union Station a esperar el último tren de regreso a casa, siempre con mucha anticipación, pues las primeras veces perdí el tren y me tuve que quedar donde la Trini hasta el día siguiente.

En eso estaba una lluviosa tarde de febrero… sentada esperando. Comencé a mirar una larga fila de gente que se había acumulado para comprar un ticket quién sabe a dónde… la espera estaba muy lenta, pues la fila casi no avanzaba.

Entonces lo vi. Era uno de los últimos. Estuve contemplando mucho rato, para asegurarme de que era él. Mi ídolo de la infancia y la adolescencia. El hombre perfecto y bello de “Pídele al tiempo que vuelva” y “Súperman”. No estaba segura, porque tenía su pelo rubio y un poco canoso y estaba vestido de forma muy sencilla: unos jeans beige claros, botas de agua hasta la rodilla y una parka azul.

Seis años antes Christopher Reeve vino a Chile para entregar su apoyo en una serie de actos que fueron organizados, bajo el lema de “Artistas por la Democracia”. Creo que él en esa oportunidad había estado muy cercano a mi tía Shlomit. Incluso, aunque yo tenía sólo 12 años, ella me llamó para invitarme a una fiesta, en la que iba a participar. Yo quería conocerlo sí o sí. Pero a esa edad, uno propone y mamá dispone. Ante toda una semana con amigdalitis y temperatura superior a los 39º grados, la respuesta de mi madre fue una negativa rotunda.

Pero ahí estaba yo, en la estación y a cada minuto más segura. Sí era él. Esta era mi segunda oportunidad en la vida para conocerlo y no la iba a desaprovechar. Entonces puse en marcha mi lema de vida. (“No hay nada peor que arrepentirse de algo que no se hizo”), tomé mi mochila, caminé hasta la fila, me detuve a su lado y le toqué el brazo.

- Disculpe, puedo hacerle una pregunta – Le dije en mi aún chapurreado inglés.
- Por supuesto – respondió, de forma amable y encantadora.
- ¿Cuál es su nombre?
- Chris ¿Por qué?
- ¿Es usted Christopher Reeve?
- Sí.

Temblaba entera, no lo podía creer. Pensé en Luisa Lane, en la mirada de Rayos X, en su fuerza, en Krypton.

Finalmente continué hablándole. Me presenté, le dije que era de Chile y que era sobrina de Shlomit, a ver si se acordaba de su viaje a nuestro país. Él me dijo que la recordaba perfectamente, que atesoraba muchos recuerdos de ese viaje y comenzó a preguntarme muchas cosas, muchas más cosas él a mí, que yo a él. Mientras la fila seguía avanzando muy lentamente, él quiso saber de mi auto intercambio, sobre mi familia en Estados Unidos y en Chile, sobre mi experiencia en el colegio de Pikesvile. Él me contó que iba a la casa de unos amigos en Conneticut, de su visita a Washington y algunas cosas más que ya no recuerdo.

Después de largos minutos de conversación, la fila comenzó a avanzar, decidí despedirme y volver al asiento frente a mi andén.

“Adiós”, me dijo en su también chapuerreado español, mientras me alejaba. Good Bye, le respondí.

De pronto me detuve. Nadie me iba a creer, yo conversando con Súperman, como viejos amigos en una estación de trenes en un día lluvioso. Abrí mi mochila y busqué afanosamente algo, algún papel, un lápiz. Y volví a la fila, con mi aguaguada libreta de Snoopy en la mano. No sabía cómo se decía en inglés, pero intenté explicarle que quería un autógrafo, con mucha vergüenza, por cierto, hasta que finalmente me puso algo así como: “To Paloma, with love Chris”.

En mayo del año siguiente, supe de su accidente y cada que vez que lo veía, recordaba al hombre encantador, que aprovechó una larga espera en una estación, para hablar con una joven, como si fuera más que una admiradora, como si fuera una verdadera amiga y regalarme una de las historias más lindas de mi vida. Gracias Clark.

* Pasaje de ida y vuelta

2 comments October 11, 2004

Familia televisiva

Se supone que la “tevita” de la familia siempre he sido yo, pero los últimos meses he notado la fuerte influencia mediática que la televisión tiene sobre mis hermanos y mi mamá.

El otro día, los protagonistas de la teleserie “Destinos Cruzados” comían sushi sobre el capó de un auto. “Palomi… con los chicos nos antojamos de comer suhi… ¿sabes donde podemos comprar por teléfono?”, dijo mi madre.

Hoy estoy de cumpleaños. 28 el 28.

Al igual como se celebraban los cumpleaños de los hermanos Mercader en la teleserie “Machos”, desde el año pasado en la casa de mi madre, todos los integrantes de la familia despiertan al cumpleañero con torta en mano y canto digno de los Von Trapp.

Así desperté esta mañana, aunque mi humor no era el más adecuado, pues dormí llena de dolores y achaques propios del envejecimiento (ja). Sólo después me emocioné, cuando me contaron que estaban desde las seis de la mañana tratando de prender las velas, pues se les apagaban por los ataques de risa.

Es linda mi familia.

En la mañana nos vinimos en el auto con mi mamá y le preguntamos de cuando yo nací, de cuando era chica. Ella nos contó del parto, no sabían mi sexo y si hubiera sido hombre, me hubieran puesto Pablo o Diego. Dice la Miry que yo era una guagua muy simpática, pero en la tarde me ponía a llorar y lloraba y lloraba, hasta que me sacaban a dar vueltas en auto para que me quedara dormida. Era tan linda (según mi madre) que ella tenía mucho miedo de que me robaran. “Ibamos por la calle y tú saludabas a todo el mundo, a tus admiradores”.

“Y ¿cuál fue la primera palabra que dije”, pregunté…
Mi mamá se quedó pensando y respondió… “La primera palabra que dijiste fue Hola”.

No dije mamá ni papá, nací saludando al mundo.

Ahora entiendo muchas cosas.

Add comment September 28, 2004

Como hacer una colcha chilena

quilt.jpgEste fin de semana y hasta el lunes la Estación Mapocho acogerá al Primer Congreso Chileno de Quilts.

Quilts, boutis, edredones, colchas, mantas, cubrecamas. No conozco a cabalidad la diferencia. Lo que sí sé es que los quilts son hechos con pequeños retazos de telas que se van cociendo con volumen acolchado y forman dibujos geométricos o figurativos, que cuentan una historia o plasman un sentimiento.

Cuando supe de este encuentro, inmediatamente recordé una película mágica que me encantó. “How to make an American Quilt” (Cómo hacer una colcha americana), con Winona Ryder. Muy romántica. 100 % recomendada, sobre todo para mujeres.

La cinta, que llegó a Chile con el nombre de “Recuerdo de Amores Pasados”, cuenta la historia de Finn, una joven estudiante de Berkeley que se encuentra en plena crisis existencial, pues no sabe si seguir o no adelante con su tesis sobre Artesanía y Cultura y, mucho menos, si quiere casarse con su novio.

En busca de la tranquilidad para tomar estas decisiones, parte sola a la casa de su abuela en una pequeña ciudad de California. Allí, Finn comienza a compartir con un grupo de mujeres que se juntan habitualmente a hacer colchas artesanales. Ellas comienzan a fabricar la manta que será el regalo de matrimonio para la joven, por lo que cada una de las señoras plasma en su parte del edredón el recuerdo del amor más grande que tuvo en la vida, excusa perfecta para mostrar esas historias, las que están cosidas a la perfección como bellos trozos de tela.

Aunque no sé si será muy romántico, el congreso de la Estación Mapocho busca dar a conocer los trabajos que con esta técnica se realizan en nuestro país y difundir las técnicas del Patchwork y el Quilting como expresiones artísticas populares, que a partir de retazos, acolchados y con volumen, van formando piezas útiles y hermosas.

Los organizadores dicen que expondrán más de 300 quilts, provenientes de distintas regiones de Chile y otros países de habla hispana. Además habrá clases y artículos relacionados con la producción de este arte, muchos de los cuales estarán a la venta.

Para despejar un poco mi cabeza del trabajo y las complicaciones de los trámites de la nueva casa, recordé esta muestra que veo anunciada cada mañana cuando paso por la Estación Mapocho. Mientras escribía me llamó un amigo y me contó sobre la suerte de uno de mis amores pasados, que ahora vive en España y su historia allá es increíble y digna de otro post.

Pensé entonces que la colcha de mi vida tiene colores lindos y brillantes, historias originales y entretenidas, que fueron hilvanadas con el corazón y la mente. Pensé también que de alguna forma quiero todos y cada uno de esos retazos, porque forman parte de mi vida y parte de lo que soy. Pero el retazo que más quiero, el que amo con el alma, es el último. El más bello, brillante y calientito de todos. El que es mi recuerdo y mi presente. El que está bajo mi colcha cada mañana.

Del 11 al 13 de septiembre
De 10.00 a 19.00 horas
Valor entrada: $1.500, general.

Add comment September 9, 2004

Cuando se canta con el cuerpo

magda.jpgEl lunes por la tarde entré a la mítica Confitería Torres, en la Alameda Libertador Bernardo O’Higgins. Creo que fui una de las primeras personas en llegar a la cita, aunque no había sido formalmente invitada. Para decirlo en buen chileno, me colé.

Era la presentación para la prensa de “Mañana será otro día”, el nuevo trabajo de Magdalena Matthey y su tercera placa discográfica.

Aunque los organizadores del evento, gente que conozco y quiero mucho, no habían dicho a los periodistas sobre brebajes, comida, ni regalitos, mi olfato y mi interés me convirtieron en clarividente.

Me senté en la barra y traté de evitar la cara de “no soy periodista de espectáculos, pero vine igual”. Colgué mi abrigo en el banco y comencé a hacer señas a los mozos durante largos minutos hasta que me trajeron la carta. Lo de siempre: un capuchino, galletitas y aires de dignidad.

Cuando llegaron mis amigos que tenían que ver con la producción y presentación del disco, no sólo me sentí bienvenida, sino uno de los invitados de honor. Tomé abrigo, cartera, pagué la cuenta y me fui a sentar con ellos en la primera mesa, en la primera silla, junto al escenario. Vino, empanadas, sopaipillas y pebre.

Las luces bajaron y la imagen del video de “Volantines de Fuego” comenzó a proyectarse en un muro. Una estación de trenes, viejos vagones, tristeza. Letra de Mariela González… Ay Mariela, como me gusta tu pluma… “Un volantín de fuego se está cayendo al mar, creyendo que era el cielo se sumergió en la sal”… ufff.

Por fin Magdalena y sus músicos, y vaya qué músicos: Tilo y Simón González, Marcelo Aedo, Jano Rivera, Eli Morris (del Latino), Carlos Bacilio y el gran Micky Mardones en el clarinete.

La única vez que la había visto en vivo fue el 2003, cuando Pedro Aznar la invitó al escenario, en un recital de culto.

Cuando empezó a cantar, supe que era cierto. Al escucharla así, tan cerca, se erizan los pelos. Por que ella canta con el cuerpo, no sólo con el alma y la voz. Todo en ella se vuelve canción.

¿Qué cómo es su voz? Es un juego que va del susurro al canto profundo. ¿Y su música? Raíz latinoamericana y fusión. Pero hay que escucharla, hay que verla.

Efectivamente salí con regalitos, chocolates y… el disco. Ya lo escuché tanto que está rallado. La voz es mágica, las canciones muy buenas y el sonido, increíble. De hecho, esta producción del Sello MACHI (Música Alternativa Chilena), fue mezclada por el ingeniero brasileño Álvaro Alencar, quien ha trabajado con músicos de la talla de María Rita, Sergio Mendes, Gilberto Gil y Milton Nascimento. Eso se siente, se nota y se escucha.

Add comment August 18, 2004

Feliz cumpleaños Felipe

felipecuandochico.jpgYo era la primera hija, la primera nieta, la primera sobrina, la PRIMERA en todo, hasta que él llegó al mundo hace exactamente 23 años.

Desde chico fue cabezoncito y me sacaba la cresta a cabezazo limpio y con otras bajas artimañas, cuando yo me metía a su cuna para hacerle unos tiernos cariños. Tal vez sospechaba que en el fondo su hermana tenía un pequeño instinto fratricida.

Luego de pasar por una infancia increíblemente hiperkinética, entró a la pubertad como avezado en la computación. Además de su Atari y sus primeros Mac no se le conoció polola ni muchos amigos.

Para entonces yo comenzaba mi vida universitaria y era una carretera empedernida. Decidí que mi hermano tenía que ver la luz y lo llevé a una discotheque. Desde entonces comenzó a salir de lunes a lunes, a ponerse mino, a comprar camisas de diseño, a hacer ejercicio y a tomar sol.

Siempre cultivando mil facetas, en los últimos años Felipe se ha convertido en un hombre grande y lindo. Diseña softwares, escribe cuentos y poesías, canta, estudia sobre judaísmo, carretea y sabe querer a su familia y sus amigos, con amor del bueno.

Está en Japón ahora
y lo extraño en paya,
mi alma lo añora
el corazón no calla

le enseñé a escribir y leer
los planetas, el universo
Ahora puede ver
el infinito en verso

Es Felipe, mi niñito
mi vida, mi hermano,
Dejó de ser el chiquito
que llevaba de la mano.

Te adoro Feliwi y te deseo lo mejor, te deseo el mundo entero, porque se que es tuyo y porque te quiero.

Add comment August 12, 2004

Trini la memoriosa

triniamalia.jpgTrini es una amiga de toda la vida. Nos conocimos a los cuatro años, en el Colegio Latinoamericano de Integración y nos queremos con el alma hasta hoy.

El inicio de nuestra amistad no fue fácil. Ella era una chica dura y yo no me quedaba atrás. Me molestó y en respuesta mordí fuertemente su mano. Desde entonces fuimos inseparables y cada vez que alguien me decía algo, ella respondía “no molestes a mi amiga, porque ella tiene dientes de vampiro y si sigues te va a morder”.

Jugábamos a mil cosas: pintábamos, hacíamos teleseries con las Barbies, inventábamos historias y nos reíamos mucho. Trini era una vieja chica, hablaba como grande y era muy coqueta.

A los 11 años, se cambio de colegio y cuando teníamos 15 se fue a vivir a Washington, EE.UU. Mantuvimos la amistad por cartas y en 1994 fui a quedarme una temporada en ese país. Hicimos tantas cosas: fuimos al colegio, noches de reggae en el Roxy’s, vitrineamos, caminamos por Georgetown mil veces.

Ella se reía, se reía de las historias viejas y de las nuevas, se reía de mis invenciones en inglés. Si alguien nos preguntaba dónde íbamos, yo respondía “vamos a The house of the Trini” y ella se apretaba la guata. Llora de risa aún hoy, cuando han pasado 10 años y mi inglés es “casi” mucho mejor.

Trini se acuerda de todo, de cada detalle, porque si hay algo que la caracteriza es su buena memoria. Se acuerda de los nombres de las personas que conoció cuando tenía 8 o 10 años, se acuerda de los parentescos y de los recovecos de las historias. Es una especie de Ireneo Funes con respecto a lo social.

Trini me llama un par de veces al año y hablamos horas, nos ponemos al día, nos acordamos, pelamos, nos reímos, nos apoyamos. Es una amiga con mayúscula. Su última llamada fue el sábado, entonces ella me recordó un capítulo absolutamente olvidado para mí.

Nosotras conocimos muy bien a Rocío Sariego, la asistente de la Embajada Chilena en Costa Rica, que encontró la muerte de forma absurda el martes 27 de julio. Éramos compañeras en el coro del colegio, que dirigía el “tío” Rodrigo García. Volví a ver la foto de Rocío, miré su sonrisa y la recordé perfecto. Inseparable de Elisa Treviño, las dos altas, grandes y un poco alternativas. Recordé que estaba dos cursos más arriba que nosotras y usaba el pelo corto, pero no mucho más. Trini se acuerda de todo.

La memoria, ese es mi principal problema. Mi memoria es selectiva, cortoplacista, antojadiza. Por eso me gusta contar las historias con muchos detalles, en colores, con aroma y gusto, porque sé que mañana no las recordaré como las recuerda la Trini.

Aquí, un sentido homenaje a Rocío, Cristián y Roberto, y a todos los que sufren y seguirán sufriendo por ese martes negro.

Add comment August 8, 2004

Lana para zurdos

Tengo tres hermanos pequeños: Julián (15), Gabriela (12) y Luciano (11). Cuando volví a tejer hace unos meses atrás intenté enseñarle a Julián, prácticamente lo torturé…. insistí tardes enteras, hasta que él terminó renunciando muy deprimido frente a su incapacidad.

Algunos días más tarde, estábamos tejiendo con la Gabriela y apareció Luciano. “Ya Luciano, mira, te voy a enseñar a tejer”. “Te va a costar, porque él es zurdo”, me dijo la Gabi.

Mmmm. Busqué largamente en mis dotes pedagógicas y logré inventar un sistema para enseñarle a tejer en zurdo. A los 5 minutos estaba fascinado tejiendo y lo hacía muy bien.

Le dije a la Gabi: “Mira a Luciano, se nota que tienes habilidades manuales, lo que es Julián, estuve toda una tarde enseñándole y nada”. “Julián también es zurdo”, me informó mi hermana.

Me sentí pésimo y le enseñé a Julián con mi fórmula zurda. Resultó ser mejor tejedor que Luciano. Ahora están tejiendo una bufanda a medias. No avanzan mucho, sólo los pocos minutos en que se aburren del Nintendo. Además, me lo habían ocultado, pero perdieron un palillo. Les regalaré otro. ¡Perseverar!

Con esto de la distancia generacional y de verlos siempre escribiendo en el computador, no sabía cuál de mis hermanos es zurdo y cuál diestro. ¡Soy lo peor! Ahora entiendo por qué toman tan mal los cubiertos en la mesa. Era porque trataban de imitarnos, de imitar a los diestros de la casa. Todo mal. También entiendo porque son tan creativos. Es el otro hemisferio. ¡Vivan los zurdos!

Add comment July 26, 2004

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